domingo, 14 de diciembre de 2014

No querer traer sin caos
portátiles vocablos.
A.PIZARNIK

Trato a las novias de cadáveres exquisitos
un perro manso vagabundea la sombra
viejas piernas rotas de muñecas arañadas por el gato negro de la noche
arqueadas bóvedas donde brincan los ciervos
con sus ojos ingenuos y su pelaje de plumón
me he encariñado de uno de ellos y me detengo, me detengo
sin poder expresar lo inefable de mi necesaria huida
pues he de seguir mi camino
como meditando
voy paseando el paisaje
ramas de cuento de hadas en el atardecer en que se quitan su sombrero
quiero decir que son ramas secas, sin hojas
en el invierno más luminoso que existió
en la luz misma del invierno
tierno, manso como en el sombrero de copa un nido
las crías resquebrajando sus huevos
quiero decir que es un parto este invierno
y su frío me llena de placer
y sus gotas me van calando muy adentro sin apenas mojarme
mientras soñamos que estamos viviendo
como dos seres de luz blanca
con mis uñas rosas pintadas
y todo aquello en lo que creí que me mordería
cediendo bajo el peso del ahora
cediendo como las blandas nubes al rayo de sol
al espacio aéreo al piloto que regresa
salió a volar porque quería saber cómo son los pájaros cuando uno también vuela
y no dejar de rebotar en paredes acolchadas cláxones amarillos
sonido de campanillas tibetanas
he oído decir que este invierno vale más que mil otoños
que se suicidan sin previo aviso las palabras como kamikazes
en el humo de la chimenea
donde repiquetean sus versos como joyas ordeñadas
un puro rayo naranja que refleja mi vaso sobre la pared
y cayó antes sobre mí, es más cálido que mil veranos.

martes, 9 de diciembre de 2014

LA INVITACIÓN

Puedes conocerme, sí
te abro mi corazón.

Perdón, perdón.

Animales míticos
el jinete volador.

Perdón, perdón.

No quisiera nombrarlos
su corona de formol.

Perdón, perdón.

Pero pasó otra vez
al árbol se encaramó.

Perdón, perdón.

A lomos del elefante
las ruinas son bellas ¡oh!
vestidas de tul marrón

los colores son bellos
sus maneras de cartón
manecillas de girón.

La lengua del reloj
lucha conmigo viejo
en dolor
novedoso para ti
así me lo guardo yo
tú serás descubridor.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

IN MEMORIAM

Para vestirte de río
te demoraste en mil otoños
quiero acurrucarme a tu cobijo
árbol centenario, cáscara de nuez.
Los hombres pasan a tu lado
como si fueras estatua ecuestre o el David de Miguel Ángel
no entienden,
tú fuente o naufrago,
la hoja en la que descansa una gota de rocío.
Lleva mi pena una corona muda
unos zapatos que no saben andar
y mi niña no nacida tiene una ausencia prematura.
Voy a quitarme esos zapatos
de nada me sirven
voy a caminar descalza por el césped
hasta llegar a tu orilla.
Porque tú quieres ser río
eterno río de agua clara
donde nadan los peces y croan las ranas.

sábado, 25 de octubre de 2014

LAS FAROLAS





















He de escribir sin sábanas blancas que aterciopelen mi sueño
desterrar esa estrella plácida y brillante que me acaricia
salir corriendo de esta habitación que ocupa tanto espacio
vacío, he de saltar al vacío de la palabra que no llega
irla a buscar allí donde no busqué antes
donde creí que no había nada que decir
he de decir que NO PIENSO MORIR
que si este otoño se viste de hospital
me taparé los oídos para no escuchar el ruido de las jeringuillas
mascullaré una escapatoria toda la noche vigilante
como si el bosque se estuviera incendiando tras los cristales
anudaré las sábanas blancas para que no aterciopelen mi sueño
y descenderé hasta el campo abandonado que hay detrás
correré como nunca antes he corrido
como si no tuviera miedo
no se a dónde me puede conducir este camino
quizás las farolas en las que se enroscaba mi pena
me devuelvan otra luz a mi vuelta
o quizás se hayan apagado todas
y por fin pueda dormir a cielo raso.

jueves, 23 de octubre de 2014

EL PARACAÍDAS

Sin referencia espacio-temporal
¡oh, lo que brilla!
cayendo en paracaídas
yo no soy eso
mi ser está más acá.

SURCOS EN LA ARENA

Puedo hablar de los surcos
que traza el agua en la arena
puedo hablar de aquello
que hay tras los arbustos en la noche
sin ningún fin
sin ninguna finalidad
sin ningún por qué
fui arrojada a un abismo blanco
pero una voz alada de mil colores y uno solo
me sacó de allí.

Puedo hablar de los surcos
que traza el agua en la arena
y de los mares que bañan la arena
puedo hablar de aquello
que hay tras los arbustos en la noche
y de la noche que baña los arbustos
con su oscuridad.

VERSOS ENTRECORTADOS

Hablaba con versos entrecortados
como si un martillo de goma
golpeara las palabras
al salir de mis labios.

Hablaba sin entenderme
entendiendo algo que estaba más allá de mí
algo tan corpóreo
que se sustraía a mi propia conciencia
queriendo existir por sí mismo,
lejos de mí.

sábado, 4 de octubre de 2014

Para que algo brote de mi centro
me embebo de imágenes de poesía
son más blancas que los copos de nieve
si pudieran tocarse serían como filos de glaciares
sin embargo albergan algo cálido y vivo
como un pequeño corazón de pájaro
abre sus alas
ya se va
como síntoma de otro invierno frío
como si nunca hubiera existido
o allí a lo lejos veo su estela.
No escribas la fecha, escucha
no a veces, todos los días
inhalo vapores de incienso, oro y mirra
no me gusta hacerlo
pero es necesario
nunca te he hablado con certeza de lo mío
yo también huyo de las predicciones
y del predicador.
Cuando amanece
intento buscar
ese haz de luz
que no se parece
a ninguna otra cosa.
Si existiera una certeza
sería vaho en los cristales.
Pienso que es difícil
contarte lo que siento
sin mentir un poco
sin hiedra liquen o flor
sin cicuta y sin zumo de moras silvestres
sin ese gris del cielo
pero hablemos, se puede intentar
escapar de los atascos
apagar el móvil
dormir doce horas seguidas
no mirar las luces de navidad
acaso tú venías de otra ciudad
poblado de sueños con búfalos
si vinieras del espacio exterior
como ese meteorito que chocó contra la tierra
yo habría vivido ya dos vidas a tu lado
después de no saberme desconocida tuya
quizás menos desconocida mía
podamos hablarnos como dos buzos
“mira esa estrella de mar
que tanto se parece a esas otras
que colgaban del lugar de donde vienes.”
Ya no se hablarte de corrido
como una novela larga
narrarte tantos acontecimientos sucedidos
a veces me cierro
como un libro que no has terminado de leer
como una estrofa inacabada te miro
y, claro, es difícil encontrarte el final.

EL ÁLAMO SIN RÍO

Ya no busco en los mapas
sitios en los que recalar
mi casa está sitiada
como un álamo en la ribera
tú te asomas a veces por la ventana
y yo escucho el mismo sonido fluvial
pero tú te das cuenta de que el río
ha desviado su cauce
y yo lloro porque me reconozco
álamo solitario
en la antigua ribera
de un río desaparecido.

viernes, 12 de septiembre de 2014

DICES COSAS CRISTALINAS

Dices cosas cristalinas
allá donde se rompe el tiempo
los pájaros vuelan muy alto
se nos escapan plumas de los dedos
y en el alfeizar de la ventana
ha crecido una flor.

DEJA TODO COMO ESTÁ

La noche tiembla en tu corbata
abedul incierto, luna de agua
hiciste que viniera hasta aquí para reconocerte
acaso la bruma se posaba en la laguna de tus ojos
sin que pudieras verte en los espejos
tu canto es el que yo seguí
y si tu voz no eras tú
yo supe conocerte en tus silencios
como una revelación del estío
en el que permaneces, campos amarillos
algo de luz para tu rostro
algo de ocaso para el mío
recorriste muchos caminos para llegar a tu soledad
mientras el silencio venía a posarse
como las libélulas que yo te espantaba
aniquilamos el tiempo
nos liberamos
a veces la pólvora prende más rápido
ya sólo nos queda la mecha las bridas y el caballo
es hora de partir
es hora de salir de nuestro refugio
apenas queda nieve en la cumbre
nos sobra tiempo
deja todo como está.

lunes, 25 de agosto de 2014

I PROMISE YOU! MÁS BLANCO ES EL POEMA

Habitar también las palabras que nos hieren
o esas otras que no llegan.
Yo acepto tu silencio
y su pájaro desnudo
las corrientes que nos precipitan
hacia universos paralelos
se desplazan en forma circular.

Trajiste tus linternas
íbamos a recorrer el túnel
el primer salto al vacío
y tú trajiste tus linternas.

El poema está detrás de la puerta cerrada
no consigo vislumbrar sus palabras transparentes por la mirilla
es como si el alma se me hubiera encogido
para no ocupar espacio
cederle el sitio a un anciano
que se baja dos paradas después y te dice:
“gracias, ya puedes sentarte.”

Es verdad que el alma se me ensancha
pero hoy está recluido tras los barrotes
por inculcar verdad con avaricia.
Por lo menos conseguí borrar esas lágrimas de mi rostro
cuando se encontró con la justicia.

No me hables de justicia
háblame de lo que quieras sin ser justo.

Pasillos como brazos escayolados
al final los huesos se astillaron.

viernes, 22 de agosto de 2014








En la transparencia de mi ser habitan pequeñas moradas donde residen vuestros anhelos. Casi todos os aferráis a mí queriendo despojarme del misterio que exhala mi cuerpo mientras duermo sobre vuestras cabezas. No existe nada que delate la presencia de mi cuerpo exceptuando un color ácido que dibuja mi vestido. Si la pared y mi piel son del mismo color, recordad mi transparencia. Todos vuestros brazos quieren sacar partido de la inocencia de mi sueño. No sé quiénes sois, no puedo veros. Pero en pos de vuestro viaje habéis ingeniado utensilios con los que podéis agarraros a mí, excepto algún cínico que quiere obtener una fotografía incómoda que delate que allí no hay nada si no el vacío, supongo.

Vuestros sueños habitan pequeñas moradas donde reside mi transparencia. Allí, como si un ángel fuera, los guardo. Una sonrisa peina mi cabello.





















Ilustración de: http://www.otoshimono.org/

sábado, 12 de julio de 2014

EN LA ANTIGÜEDAD DEL CRISTAL DORMIDO






















En la antigüedad del cristal dormido busco mis manos
como el director de orquesta busca su batuta
como los muertos buscan sus ojos reflejados
el cristal miente en su transparencia de verano
por eso hoy vacío mis venas
en el corazón estéril del esparto
como una niña perdida
esparzo plumas de aves
en mapas que no están trazados
donde me encuentro con el cactus y el lagarto
después de la siguiente duna
tuerza a la derecha
el oasis, tuerza después de esa duna

y mi amor es idéntico a sí mismo
en ti, en la noche estrellada
en el agua verde y clara,
en el sol, en ti
adonde no me hace falta volver
en mi amor permanezco
callada o suicida
sin cristal ni ventana.

martes, 8 de julio de 2014

NOCTURNO


Las musas te visitan a deshora
te pillan metido en la cama con el pijama
deambulan por tu habitación escondidas bajo sábanas
esos fantasmas en los que no las reconoces
aullenta a esos fantasmas
nunca supieron coserte su mismo traje
blanca pálida luna
solitaria musa ausente
extraña en tu ser
loca en tu existir permanente
sales del cuarto como sonámbulo
a ciegas caminas por los ríos que toca
el verdor recorriéndote los pasos
besas tumbas sagradas
el ruiseñor canta a la mañana
ella ha dicho:
arder en su ardor
ser una con el sol
golondrina allí donde ellas anidan
no tu musa, no.

LA SED


El agua duerme
no se pueden descender cataratas
el agua duerme como un bendito
no se pueden soltar amarras
el agua duerme
sueña con corchos que flotan
el agua duerme…
¡que vuelva la sed!

ANIMAL DORMIDO


Animal dormido, repara la distancia de los signos
con tu pluma de coral
pájaro dormido, escribe versos de espuma
tú que no habitas el mar sabes
los peces no se reconocen
lo deambulan, los peces
no tienen memoria que olvidar
el cálido sol de los dormidos arde
las pestañas de las muñecas rusas se queman
como si por querer hubieran visto
mi sombra desaparecer.

sábado, 21 de junio de 2014

MIRAR EL CIELO















Hoy me angustia mirar el cielo
con su corazón de pájaro
parece que me fuera a caer.
Hoy prefiero mirar las montañas onduladas
para aferrarme más a esta tierra.
El día está encendiéndose
con sus engranajes de metrópoli
pequeñas hormigas recorriendo túneles
antes de salir a la superficie
volverán ya tarde a casa.
Hoy no puedo mirar el cielo
con su leve corazón de pájaro volado.

viernes, 30 de mayo de 2014

LOBO ENMASCARADO















A A. Pizarnik


Con tus flores muertas, decapitadas
como pétalos fragantes de la palabra perdida
me hice una diadema de mediodía
en la plena oscuridad de la noche infinita
enroscado mediodía
en plena hora incandescente
me hice un traje tan liviano con tus palabras como flores
caminé ciertamente sonámbula
embrujo solar
pasos iluminados sin estela
como si todo fuera sueño
excepto esa noche colgada de mi pelo
mientras camino un haz de luz
¿y cómo es que no he nombrado el silencio de tu voz?
¿y cómo hemos llegado hasta las alturas nubes oscilando como espuma de mar?
Tú no, tú dices: “Hay cólera en el destino porque se acerca, entre las arenas y las piedras, el lobo gris.”

jueves, 22 de mayo de 2014

DOCE TULIPANES AMARILLOS




















Qué romántico es coger flores silvestres. Pero más lo es bajarse del coche para coger tulipanes amarillos de la rotonda y dárselos a mi holandesa. Me da tiempo, acabamos de parar frente al semáforo. Verde. Ya vuelvo. Mi holandesa me mira desdeñosa, parece que no le gustan mis tulipanes. Se enfada. “¿Por qué has hecho eso?” Me recrimina. “Por ti”, la respondo. “Porque te quiero”. Cruza los brazos enérgicamente y gira la cabeza hacia la ventanilla. “Oye, ¿qué te pasa? ¿No te gustan? Cogeré otros: rosas, verdes, azules… ¡Los que tú quieras! Aunque yo sigo prefiriendo para ti los amarillos”. “Apártalos de mi vista”. Arranco un pétalo y lo mastico –no sabe mal-. Arranco el segundo y sigo masticando. “Ummm, qué ricos… ¿quieres probarlos?” Pero mi holandesa ya no está y mi coche es el único que está parado en plena carretera. Los demás pasan de largo esquivándome a la vez que lanzan pitidos. “¡Quítate de en medio, empanao’!” Pero no pienso moverme hasta que me los coma todos. Ya no me deleito, mastico de golpe muchos pétalos y me trago las flores enteras hasta que sólo quedan agarrados a mis manos los gruesos tallos.

lunes, 12 de mayo de 2014

LAS AMAPOLAS SON ROJAS

Una amapola ha enraizado en mis manos, en mi cuerpo
su rubor recorre mi piel como un presagio.

El otro día, desde el tren, vi un campo de amapolas
todas pintadas de carmín
como bocas regalando besos
como bocas abiertas interrogando
ese círculo negro en su centro, como un botón.

Planta una semilla azul en mis huesos, amor
porque todas las amapolas son rojas y silvestres.

NOMBRES

Hoy no sabes cómo llamarme, espejo oscuro
tu reflejo huye hacia dentro de tus entrañas
como un animalito moribundo
la luz se ha apagado en tu orilla.

Hoy no sé dónde situar tu mirada antigua
ese lugar incierto y preciso sin coordenadas
donde me olvido algunos sueños, ciertas pesadillas
dijiste: m, a, i, r, i, m… Y escuché durante un rato el eco

alejándose de ti, mi nombre.

sábado, 26 de abril de 2014

ESCAMAS

A pesar de que es verano, su tez sigue siendo pálida. Llama la atención verle tumbado en la toalla, bajo la sombrilla, totalmente vestido. Nunca le gustó la playa. Y menos bañarse en el mar. Las piscinas tampoco son de su agrado. Siempre lo ha dicho: “el agua, mejor envasada”. La primera vez que escuché aquella frase, me hizo gracia. “Mejor no preguntar “, pensé,” no vaya a ser que se rompa algún dique”. Él asegura que sabe nadar perfectamente, pero después de siete años, empiezo a tener serias dudas. Me he apostado con él un viaje a Pekín: el primero que vea esta noche una estrella fugaz pedirá un deseo al otro. Hoy es doce de agosto, hay lluvia de estrellas. Tenemos una vista privilegiada desde el porche de la casa, lejos del pueblo; bastará con apagar todas las luces.

Son las ocho de la tarde. La puesta de sol es espléndida, por algo le llaman a este lugar la Costa de la Luz. Recogemos los bártulos y subimos por la duna. Ya en la calzada miro hacia atrás para despedirme del faro hasta mañana. Hoy prefiere conducir Jorge de vuelta. Miro el paisaje a través de la ventanilla, es amarillo, seco. Sólo el pinar verdea a lo lejos. Torcemos en la primera curva a la izquierda y escucho el ladrido de Mora que nos espera tras la verja. La saco a dar un paseo mientras él se da una ducha. Mora lo olfatea todo con impaciencia y, de vez en cuando, me mira con sus ojos húmedos de perro. Está contenta. Mañana la llevaremos con nosotros a la playa. Cuando volvemos, la mesa está puesta.” Hoy cenaremos afuera”, anuncia Jorge con tono triunfal desde la ventana de la cocina. Huele de maravilla. Está cocinando un pollo al curry con arroz. Si puede, evita comer pescado. Es una aprensión que le viene de niño. A su padre le gustaba ir de pesca todos los veranos e insistía en que su único hijo le acompañara. Él rezaba para que los peces no picaran. Odiaba verlos ensartados en el anzuelo, boqueando luego en la cesta. “Y al volver a casa mi madre los asaba y nos los comíamos”, me había contado Jorge horrorizado. Todo lo que sé de su familia ha sido a través de él. Sus padres fallecieron antes de que nos conociéramos. Tampoco he visto fotografías suyas. Las rompió todas después del accidente -se culpaba a sí mismo por seguir viviendo-. Apuro mi plato pensando en cómo habría sido la relación con mis suegros. Me hubiera gustado conocerles. Al salir de mis cavilaciones me doy cuenta de que Jorge me está mirando. Le sonrío. Falta poco para que se haga noche cerrada, el cielo es azul marino. “Apaga la luz”, le pido. Mora se arrebulla a nuestros pies. Casi puedo oír nuestra respiración. Siento mi cuerpo, la energía acumulada durante el día de playa y el sosiego que llega. El aire roza la piel quemada. Los últimos resquicios de luz solar han desaparecido y la vista se ha acostumbrado a la oscuridad. Vamos hasta el jardín para evitar cualquier obstáculo sobre nuestras cabezas. Hemos dejado las sillas donde estaban. Nos tumbamos en el césped.

No se pueden contar, nunca me ha gustado enumerarlas. Son tantas, tan lejanas y brillantes… Forman una bóveda universal. “Soy un puntito en el universo”, declara Jorge. Mucho más arriba, otro puntito más blanco se precipita dejando atrás su estela. “¡Acabo de ver una!”, anuncio contenta. A esta le sigue otra y luego otra más; una tercera. Permanecemos mirando el espectáculo un buen rato. “Creo que te debo un deseo”, me dice Jorge cariñosamente. “Volvamos a la playa”, le contesto. “Mi deseo está escondido bajo el agua”. Nos besamos. Es un beso escurridizo el suyo. Veo la silueta negra de su cara y sus ojos redondos que me observan con asombro. “Sé que no te gusta, pero no es para tanto”, intento convencerle.

Caminamos en silencio durante media hora. Veo el faro por segunda vez el mismo día. El haz de luz cruza sobre nosotros y nos deslumbra. Ahora habitamos un espacio de luz intermitente. “No pienso meterme en el agua”, dice Jorge. “Sólo acércate a la orilla. He traído la cámara. Una fotografía y nos vamos. Quiero ver el mar bañando tus pies. Vamos, es sólo agua.” Parece que va a acceder. Se dirige hacia las olas. Pulso el botón de encendido. Su expresión se ha relajado, aunque quizás demasiado: es un poco anodina. Su mirada no transmite nada. Su piel también es distinta: parece más brillante. “¿Estará sudando?” Me pregunto. Separa los labios. Los vuelve a cerrar. “Ahí está bien, no te muevas. Pareces un pez fuera del agua”, bromeo. “Es lo que soy”, corrobora, “tú lo has dicho: un pez fuera del agua.” Disparo. “¡Misión cumplida! Te debo un viaje”, anuncio. Me acerco hasta él. “Venga, ya puedes alejarte del agua”, le animo. Se ha quedado inmóvil. Una lágrima corre por su mejilla. “Estás llorando.” No me responde. “Venga, lo siento. Vámonos. No volveré a pedirte nada parecido. Lo prometo. Romperé la foto.” Mientras nos alejamos del mar, seco su llanto con mis manos y noto algo quebradizo en su cara, como si sus lágrimas hubiesen cristalizado. Las retiro extrañada e intento mirarlas. Algo se me ha quedado adherido. Un coche pasa de largo por la carretera. Entonces puedo verlo: son escamas.

lunes, 17 de marzo de 2014

TRANSPARENTE

Ojo de hoja ojal
hueco por el que se ausenta
presenten mis distracciones al director
que vivo en rama de árbol
tengo ojo de hoja ojal
¿pueden ver acaso lo que me atraviesa?

QUISIERA


























Quiero apagarte la lluvia
para que no queme tu piel de arena
la noche enfría tus dunas
las alas se vuelven cadenas
cáscaras de amanecer ensucian la mesa
mientras me tomo el primer café
quisiera huir en el avión de papel
no despertarme mortal entre semana
quisiera arrancar las telarañas que acechan
invisibles en las sombras
como si fueran puñados de hierba seca
y dar vueltas alrededor del sol
como gigante, pequeño planeta.
Microcosmos soy,
macrobiótico pensamiento
enfundado en turbinas iracundas de amor.

domingo, 9 de marzo de 2014

EQUILIBRIO


























El elefante mueve sus patitas de gris peluche
la niña tiene las uñitas despintadas de esmalte de colores
el sol alarga sus rayos para tocarnos
y piensas:
qué poco falta para recuperar la vida
la araña que extendió su masa rosa de cera
que solidificó sobre tu cara
restaura el equilibrio con su rayo láser
despojándote de la parálisis en la que te sumergió
y la niña se levanta, "le gusta hacer tonterías"
las fotografías que hemos visto
nos recuerdan la belleza
de fundirnos con el entorno
de permanecer unidos a la naturaleza
más natural su cuerpo que el árbol del segundo plano,
esa es su elegancia.

sábado, 22 de febrero de 2014

LA ESTROFA INTERRUMPIDA





















Cómo se enredan los cables con bostezo de aurora
cómo se acunan los cantos de sirena en el ala murciélago
perdí, no perdí
gané
mientras dolía esa inocuidad de días
y la bruma brecha abierta en la memoria luna corazón
la mirada niña en la pupila del decantador
vaciábase en la escarcha del paisaje enfermo.

Fue la estrofa interrumpida para el quehacer urgente
para la sonrisa urgente, para abrazar la vida con más calma
porque amamos los mundos sutiles con Machado
también cuando la hoja afilada muerde o duerme bajo la almohada
y participamos de la vida amamantando con tinta verde al lechón dormido
en su futuro inesperado.

"It's a waste of time if I can't smile easily like in the beginning"

lunes, 10 de febrero de 2014

GATO ENCERRADO

Había un gato encerrado en el quinto. Todos lo sabíamos. En realidad, no todos, pues el mencionado gato no se sabe si era muy consciente de su propio encierro. Esto no quiere decir que estuviera solo o, por lo menos, así no era como lo suponíamos, sino acompañado por sus correspondientes dueños. Estos sí entraban y salían del piso. Por las noches, mi hija pequeña, de seis años, imaginaba a este gato aquejado de algún mal y se despertaba gritando: “¡Papá, papá! ¿Por qué llora el gato?”. “No llora, cariño, es que está en celo”. Le explicaba para calmarla. “¿Y qué es estar en celo? ¿Puede Susana estar en celo?” “No, María –la intentaba tranquilizar-, sólo los animales tienen el celo cuando es época de aparearse”. “¿Y qué es aparearse, papá?” “Es hora de dormirse. A ese gato no le pasa nada malo, ¿de acuerdo?”

A veces los alaridos del gato volvían a oírse por la mañana, entonces María sentenciaba que quería subir a conocer al gato de los del quinto. Los del quinto hacía poco tiempo que se habían mudado al barrio y no me atrevía a presentarme delante de su puerta para pedirles que enseñaran el dichoso gato a María. “Otro día, cariño. Cuando no tengas que ir al cole.” Ella se cruzaba de brazos, fruncía el ceño y poniendo morritos decía: “Sí, ya.” Sólo le faltaba sacarme la lengua pero, por lo menos, no insistía. O eso era lo que yo creía hasta que llegó el sábado. “Papá, hoy no tengo que ir al colegio.” Me comunicó con una sonrisa de oreja a oreja. “Entonces… ¿puedo subir a ver a Rodolfo?” “¿Rodolfo?” Le pregunté sorprendido. “Sí, Rodolfo el gato.” Aclaró. Decidido a zanjar el tema, me calcé los zapatos y le dije a María que hiciera lo mismo. “¡Vamos, vamos!” Repetía la niña tirándome del brazo. Después de llamar al timbre, apareció en la puerta un señor de barba espesa y con aire somnoliento. “Disculpe –le dije apurado-, vivimos en el piso de abajo y mi hija está empeñada en ver a su gato. Como maúlla tanto –carraspeé-, no ha habido forma de que se le olvide.” “¡Ah!” –la expresión de su rostro se volvió más despierta-, se refiere a Pepita”. “¡Rodolfo!” Soltó María a bocajarro. “No, guapita, se llama Pepita. Es una gata.” Resultaba extraño tanto diminutivo viniendo de un hombre tan barbudo. “El caso –continuó-, es que Pepita no es una gata común.” “Ya –le contesté-, ¿y de qué raza es?” “No, no –se rió el señor del quinto-. No se trata de eso. Pero no me he presentado: pasen, pasen. Soy Agustín.” Zanjadas las presentaciones atravesamos el umbral esperando que Pepita saliera a nuestro encuentro guiada por esa curiosidad tan característica de los gatos. Cosa que no sucedió. Ya estábamos sentados alrededor de una mesa en el salón cuando nuestro anfitrión dijo algo muy raro que todavía, a día de hoy, no he conseguido entender. En pocas palabras nos explicó que él no tenía ningún gato y que si, por casualidad, Pepita nos hubiera oído, se habría reído bastante de nuestra confusión, ya que era un metagato, es decir, que aunque él quisiera no podía acceder a nuestro deseo. “Pues, como sabéis, los metagatos no tienen apariencia física ni concreta.” Tengo que confesar que salí de allí más asombrado que mi hija que, en lugar de perpleja, parecía sentirse estafada. No por Agustín, el señor del quinto, sino por mí, por su propio padre que no había sido capaz de advertir la diferencia entre un gato de verdad y un metagato, que ni tiene pelo suave ni rabo ni bigotes ni orejas ni ojos y que, realmente, aún no sé qué es lo que tiene. “No te preocupes, María –le dije-. Tengo unos amigos que tienen un gato de verdad, es un gato europeo, muy bonito, atigrado. Esta misma tarde, podemos ir a verlo.” Pero María parecía haber perdido, repentinamente, el interés por los felinos, que le parecían, según me dijo, un fraude y a los que no quería volver a ver en su vida. No sabía que María conociera palabras tales como “fraude” y me extrañé tanto que llegué a dudar de si en lugar de mi hija sería mi metahija. Este pensamiento me llenó de estupor. La miré de nuevo y allí estaban sus dientes mellados, su flequillo tapando un poco la mirada de enfado. Debió de percibir mi nerviosismo porque enseguida cambió de expresión y dijo: “No importa, papá. Podemos ir. Sólo pasaré de los metagatos.” Reconozco que me tranquilizó mucho su habitual tono infantil, aunque también es verdad que, desde aquel día, no hemos vuelto a escuchar ningún gato en el vecindario.

miércoles, 5 de febrero de 2014

COSTUMBRE/ LA VIDA DE LOS OTROS


















Pálido, desvaído negro
que se vuelve gris
azulado
acerado
metal que corta los cristales
inundando de mientras tanto
de afuera un perro ladra
quizás sea yo ese perro
o sólo su ladrido
o el eco
eco
eco
sólo un eco
recorre las calles desiertas
aunque estén llenas a esta hora
mi soledad
las pasea
distingo
a lo lejos un coche
y se está yendo
si alguna vez fui feliz
si la costumbre de dejar los zapatos
limpios
a los pies de la cama
cada noche
si tan lejos estoy
sin saberlo
de lo que soy
de lo que nunca fui
si tan cerca estoy
de la eternidad de estos días
yéndose
como ese coche
como aquel globo
y la sonrisa del niño
que lo sostiene
nunca me conocí
secretos tras las voces
que escucho en silencio
secreto es mi sentimiento
llego
justo
en el momento
en que tú te vas
siento
marchitarse
este instante
pálido, desvaído negro
que se está volviendo gris.

EFÍMERO


























Piensa en negro
para volverte blanco
para no agonizar.
Piensa en negro
para darle elegancia a tu gesto
para sintetizar.
Piensa en negro
para diferenciar los matices de afuera
para enfatizar.
Piensa en negro
para recortar la sombra
para separar.
Piensa que en negro
desfilan uniformes
como alfileres ensartados
en la mariposa
sobre cartulina
negra.

martes, 21 de enero de 2014