jueves, 27 de junio de 2019

DESDE MI TERRAZA




















Hoy es un día para escribir a lápiz

esbozando las letras que se unen unas a las otras solo por estética

hoy el sol está en lo alto y se oye el llanto de un niño a lo lejos perturbando esta claridad

es como si el día durmiera en las hojas de los árboles

y todo estuviera ahí para ser contemplado:

el parque en la distancia, los reflejos de un cd colgado, las hojas dormitando

me repito, es que mis ojos se paran en lo que mueve la brisa

quizás sean las alas de la mariposa

o el canto de los pájaros, el rumor del tráfico lento

pasos pesados sobre las aceras refulgentes

un niño bota el balón, oigo el eco sostenido de la infancia

en cada hoja, en cada paso, en el vuelo del insecto

porque todo anida bajo el sol

como ruedan las ruedas del autobús

como planean su estática estela las aves

y las nubes se difuminan: son de tiza

los toldos están bajados, los grillos aún no crí-crían

porque todo anida bajo el sol invisible,

en este lugar remoto del mundo desde mi terraza.

domingo, 23 de junio de 2019

QUE NADA TAPE MIS OJOS

Que nada tape mis ojos

si no el cabello suelto del viento

que se laven con las lágrimas si es necesario

para que luego los seque el sol.

Que nada tape mis ojos

ni siquiera el brillo esmaltado del cristal

que los circunde el cielo raso

o la noche llena de estrellas.

Cuando me caiga y se me meta alguna mota de tierra

el lagrimal sabio la expulsará:

vuelve a ser mirada para otras miradas,

ojos destapados de niebla.

miércoles, 12 de junio de 2019

MUDANZA


























Hoy me vino de repente la tristeza a los ojos

como un pájaro que abre las alas y alza el vuelo

para desaparecer rápidamente detrás del tejado blanco.

Ralentizó el tiempo, lo que serán unos segundos,

después me dejó un extraño poso y la mirada destapada

como si todo se hubiera vuelto más nítido, también el corazón.

Una llamada inesperada me sacó de la poesía

como un barco que zarpa sin mí.

Incluso esa tristeza que yacía agarrada como un ancla

se eleva hasta mis ojos y es el barco que zarpa.

Si me monto a tiempo, unos segundos antes de su partida,

bastaría. Pero no lo hago: he dejado algo atrás.