sábado, 26 de septiembre de 2020

LO QUE NOS QUEDA

Lo que nos queda es un breve lapso de tiempo en los ojos

y todas sus notas posteriores conjugando la inicial.


Lo que nos queda es liviano como nube, pesado como nube, verde como nube.

Lo que nos queda es tierra mojada, olor a trementina, hierba barnizada

esas hojas que se mueven reflejándose en tus pupilas

-la mirada profunda enraizándose en corrientes aéreas-

una adivinanza resuelta, dientes de león en la cornisa

musgo crecido al norte de los pensamientos

partículas minúsculas escribiendo su amor eterno.

Amor barro

amor-origen

amor dunas

amor, ruinas y ecos.


Venimos ilesos como fuentes incesantes

                                                                    manantial

                                                                            bomba de agua 

balón

                que r e b o t a.


Lo que nos queda es el horizonte

más allá del horizonte.

COSMOLOGÍA

En rápidos destellos adivino

el cosmos tiene su propia geografía

andaba perdida intentando nombrar

constelaciones desconocidas

mas al alejarme quedó su luz delgada

prendida en mis párpados negros.


No hay nada más que descifrar

sucede siempre que pareciera

no querer terminar la arena arrastrada por el vendaval

como si me fuera la vida en contar cada grano que se lleva

como si se me fuera la vida al contar cada grano de arena

luego lo que pesa más

es lo que queda.

sábado, 29 de agosto de 2020

IV PREMIO DE POESÍA IN-VERSO

 Os dejo el enlace de mi participación en el IV Premio de poesía IN-VERSO. Espero que disfrutéis de su lectura. Se pueden votar las obras a partir del 16 de septiembre hasta el 14 de octubre. ¡GRACIAS POR PASAROS POR AQUÍ!

https://clubdeescritura.com/?p=10168027

sábado, 15 de agosto de 2020

VACACIONES 2.020

Hay una casa blanca en la costa de Huelva que anochece con la brisa y la luna llena asomándose al jardín. Dos cronopios te reciben con platos deliciosos, preparados en su cocina, y te dejan descansar en cómodas estancias frescas o charlan contigo en la sobremesa mirando los pinares y las mansas aguas de la piscina. Si se hace tarde por ser el primer día, te llevan (linterna en mano) por la flecha del Río Piedras, en dirección al mar, hasta el patio de luces de colores y bebidas de exóticos sabores -la música sueña con quedarse un rato más a vivir en El Portil-. 

Las flores amanecen las primeras -abren sus rojas corolas de fuego y apuntan al sol con su pistilo-, luego uno, después otro y así hasta que se levanta el último, se van reuniendo a la orilla de la verde hierba. Salen de la casa con la alegría del nuevo día de arena de playa y huellas de pies descalzos recorriéndola. Su mascota se quedó dentro porque por las mañanas descansa panza arriba, así por las tardes, cuando vuelve el cronopio L., que se fue a la ciudad, puede recorrer otra vez, mientras nos bañamos todos juntos, el perímetro entero de la piscina una y mil veces, beber agua salada y traer los palos más largos que encuentre -es un perro pirata que no tiene ni una garrapata-.

Ahora esperamos al barco para cruzar la Ría y llegar hasta el agua marina. La arena hunde nuestros pasos y llegamos quemándonos los pies hasta la orilla. Plantamos nuestros parasoles y comemos manjares más propios que de la playa, de Turquía.
- ¡Soy un puntito en el universo! -grita T. desde el agua después de un largo paseo con M.
- Hemos visto a la gente volar gigantes pájaros de vivos colores -les cuenta M. a los cronopios que se ríen sentados en la arena mojada porque el perro pirata quiere coger el palo puesto de mástil entre las olas. Y así, volvemos derrotados de felicidad diurna estallándonos en los ojos y mulléndonos el cuerpo. Mañana iremos al pueblo a tomar helados. Por hoy, buenas noches: “cada mochuelo a su olivo”.

Me levanto con nubes de sueño todavía en los ojos y T. y cronopio A., charlan tranquilamente. Me gusta verlos juntos; también al cronopio L., que después de su merecida siesta y tras los baños correspondientes de todos, nos prepara unas ricas gambas de la tierra y carne a la brasa de los sarmientos, mientras hemos hablado con el abuelo Santiago y después nos vamos a por esos helados. Es viernes y mañana L. no madruga. Así que nos tiramos hasta las tantas hablando de los distintos matices del color del cielo y de bellos recuerdos, bebiendo ponche caliente con nata y agua de pirata con cubitos de hielo. La mascota, en brazos de L., está que se duerme. El cuatro ruedas sin techo nos ayuda en la misión de la vuelta a casa: el aire nos despeina y roza con dulzura la piel quemada. En un par de días más, nos iremos de su Paraíso a nuestro Hogar y terminarán las vacaciones. Allí nos esperan otros cronopios queridos. Tengo ganas de verlos y me hace muy feliz la idea de encontrarme con ellos de nuevo. Pero esa es otra historia…

TO BE CONTINUED.




















lunes, 29 de junio de 2020

ABRE TUS ALAS, CORAZÓN

Sé que vine aquí buscando algo. Algo que había perdido. Entre tanta noche vieja y año nuevo, descubrí que la carencia seguía estando ahí. Vine aquí y no te buscaba. Buscaba algo y te encontré a ti. El ardor de la sangre y la ilusión descascarillada comenzaron a llenarse de nuevos brillos y constantes vitales. Te quise un poco más cada día, aunque al principio te odiara por esto. Después te quise todavía más y perdí algo. Algo que vengo buscando y que parece ocultarse demasiado. O quizás empieza a descubrirse. Hoy se le ha caído una lágrima verde y brillante al servilletero. Y todas las servilletas y los manteles han salido volado por la ventana como pájaros. Hagamos como ellos. Seamos más pájaros que luciérnagas, más alas abiertas, que como en un cuadro de Chagall nos encontremos volando sobre la ciudad. Quizás no sea al principio un vuelo acompasado. Yo tengo prisa y tú tienes calma. Reencontremonos a la vuelta y contémonos todas nuestras hazañas. Porque en mi corazón sigue estando tu nombre como una hermosa raíz florecida. ¡Venga! No tengas miedo y abre tus alas, corazón.

CUADERNO DE COLLAGES




martes, 23 de junio de 2020

PASEO

He caminado con paso decidido
mis piernas fuertes sostenían el camino
mis ojos deslumbrados matizaban el paisaje
el sol calentaba mi piel, dorándola
¡era perfecto! Escuchaba música en mis auriculares
pasé a un super a comprar un café envasado
casi olvido la mascarilla y el desinfectado de manos.
De vuelta a casa compro tabaco
(hoy iba a dejar de fumar, como siempre)
una furgoneta se para y me pregunta una dirección
le indico lo mejor que puedo
me cruzo con conocidos enmascarados
y vuelvo, ya vuelvo llena de energía a mi hogar.

AL SALIR DEL MUSEO DEL PRADO






















































































domingo, 21 de junio de 2020

RAQUEL

DES-CONECTAR

La tierra toda estaba mojada

ondulantes dunas y planas playas

paseé con los pies descalzos,

dicen que la sal cura las heridas.

La tierra toda estaba mojada

el oleaje del mar arrastró las algas

pequeños peces de plata y gaviotas, el cielo.

Quise dar ese paseo a solas

no tenía miedo, me sentía con fuerza suficiente

quizás fue la sal: me estaba curando, me curaba

¡Libre, me sentí libre!!!

Para seguir, para volver, para cambiar.

La brisa señalaba el camino, rozaba mi piel

los pies mojados pisaban la tierra

fuertemente instalados en su raíz.

El cielo era para volar -una cometa, mi pelo-

el agua era para nadar. Este año no hubo hogueras

en la noche de San Juan. Pero el fuego purifica.

Debió de ser el fuego el que me trajo hasta el mar.

sábado, 20 de junio de 2020

TXEMA



https://www.youtube.com/watch?v=0sJZcyQsdUM&list=PLoHXxWgD8p6QOCw-JN_z13PKcxstsHOAB&index=6

Porque me ha recordado a ti, le he puesto como título tu nombre.

Bueno, he pensado en vistas aéreas, naves espaciales y marcianos, en realidad ;)

viernes, 15 de mayo de 2020

III. B.

Apenas una visión

entre dos

trozos de tela

esa vida quieta de afuera que late con fuerza en mi interior

es la misma que he llevado conmigo siempre, allí donde he recogido un beso caído del árbol, tus manos

es  la misma que no quiere ser a medias ni saber la medida exacta, la cantidad certera

es la que siempre

se cuela

por la vidriera de color.

III. A.

Voy recorriendo la casa

como si fuera mi cuerpo: desde la terraza al salón y de allí a la ventana del cuarto

sé que quiero salir

de la casa, de mi cuerpo, para encontrarnos allí donde la palabra pide silencio

sé que quiero salir

estar aquí se ha convertido en oración y patria, en una naranja sobre la mesa, el sol

si pudiera

alzaría mis brazos en mitad de la calle para que me vieras, te estoy esperando

si nos dejasen

buscaría menos razones y tendría motivos suficientes para correr con lobos

si quisieras

me acompañarías sin preguntar por qué vuelve a estar en su lugar el astro mayor.

miércoles, 13 de mayo de 2020

II. LA DINASTÍA DEL MOCHUELO

De chaval mi abuelo aprendió, como la mayoría de los niños del pueblo, a hacer el mochuelo. Por eso les llamaban "la dinastía del mochuelo" o, simplemente, mochuelos: entrelazaban sus dedos y poniendo los dos dedos gordos juntos, soplaban entre ellos, abriendo y cerrando las dos manos.
Mi abuelo siempre imitaba el ulular cuando estaba contento y en el campo. Nunca he visto un mochuelo igual a él, con esa sonrisa solar y pícara en sus ojos nocturnos llenos de cielo abierto.
Volar era, para él, tan fácil como subirse a un cerezo para picar sus frutos. Luego decía que habían sido los pájaros y, como si fuéramos simples excursionistas, le dábamos la razón. Mientras, mi abuela le sacudía la camisa y guiñándonos un ojo nos señalaba las plumas huidizas que volaban a nuestro alrededor. A la hora de dormir nos daban las buenas noches, diciéndonos: "hasta mañana, mochuelos". Pero ninguno sabíamos ulular como él.
Lo que sí heredé de él de pequeña fue su gusto por las lombrices. Cogía un palo y, los días de lluvia, las cazaba de entre la tierra mojada y jugábamos a lanzarlas lo más lejos posible. Creo que nunca se lo dije, pero él lo sabe; si no por qué todavía hoy en las noches cerradas si miro con atención, puedo verle delante del cielo azul con sus manos juntas llamándome uh-uh uh-uh como a uno de sus mochuelos. Al levantarme por la mañana me encuentro una lombriz que me trajo en su pico de infancia la lluvia. ¿O sería él, mi abuelo de "la dinastía del mochuelo"?

lunes, 11 de mayo de 2020

I.

Todo está en ordenado desorden

las revistas, los libros, los adornos...

incluso la bolsa de tela colgada del respaldo de la silla reposa en armonía

los patucos blancos de mi gata sobre los que descansa su cabeza y su cuerpo hecho un ovillo

la lámpara roja encendida sobre la mesa alta

el sonido al pasar las páginas del periódico mientras lo ojeas

"the cup of love"... Todo me envuelve con sencillez

mientras la luz del sol se va disipando dejando paso a la cercanía de la noche

pero no todavía, ahora el crepúsculo, ahora esa hora preferida para soñar despierta

como si el mundo descansase en el cuenco de mis manos y en ninguna parte y solo así pudiera verlo sin mirarlo

¡son tantos los días que agradezco asistir al ocaso!

Nos sostiene, Dios quizás, de un hilo cortado

aquí no somos marionetas: todo nos pertenece y a todo pertenecemos

soy una con su calidez, en mi hogar

y todo aquello que desconozco no da miedo.

viernes, 24 de abril de 2020

LA CASA DE HUÉSPEDES

El ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana un nuevo recién llegado.
Una alegría, una tristeza, una maldad
Cierta conciencia momentánea llega
Como un visitante inesperado.

¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,
Que vacían tu casa con violencia
Aún así, trata a cada huésped con honor
Puede estar creándote el espacio
Para un nuevo deleite

Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,
Recíbelos en la puerta riendo
E invítalos a entrar
Sé agradecido con quien quiera que venga
Porque cada uno ha sido enviado
Como un guía del más allá.

Poema de Rumi, un poeta Sufi del siglo XIII

jueves, 2 de abril de 2020

2 ABRIL 2020

Últimamente no puedo despegarme de la pantalla. Paso de una pantalla a otra con suma facilidad e incluso estoy descubriéndome en los últimos días un poco adicta a la conexión en redes sociales. Del ordenador, al móvil, del móvil a la televisión y de nuevo al móvil y del móvil al ordenador. Es verdad que en el ordenador se pueden hacer muchas cosas, no solo conectarse a internet y a todos sus contenidos; pero en estos días de confinamiento mi actividad en Facebook, por ejemplo, se ha cuadriplicado (antes a penas lo abría y me pasaba días sin mirarlo). Ahora necesito de esa conectividad, saber que las personas estáis ahí, que seguimos en el mismo barco. Aunque algunos queramos remar hacia un lado y otros hacia otro habitualmente, en estos días creo que es indiscutible que hay ciertas cosas que nos unen. No me refiero a la crisis, sino a la forma en la que la estamos afrontando y a la imperiosa necesidad de salir de ella.

Así, se podría pensar que una vez que esto acabe, una vez que salgamos de ésta, volveremos a la ley de la selva, a la del sálvese quién pueda. Hay personas que piensan que quien era solidario antes de la crisis lo seguirá siendo y quien no lo era, seguirá sin serlo después de la crisis. No les faltan razones para pensarlo.

Voy a hablar de mi caso en particular. Pues, como casi todos, no es la primera crisis que afronto a nivel personal. Entonces, ¿qué hace tan diferente a esta crisis que se está llevando por delante miles de vidas? Creo que es que todos la estamos sufriendo juntos.

Es verdad, que esta crisis evidencia las diferencias: no es lo mismo ser anciano que ser niño, o joven, o adulto; ni tampoco es lo mismo vivir en una casa cómoda con todo lo que se necesita al alcance de la mano que en una casa pequeña en la que conviven muchas personas con necesidades sin cubrir; por no decir de las personas sin hogar. Está claro que ésta es una brecha que no se puede negar. Por no hablar de las personas que siguen viviendo una guerra, de los que huyen de ella y llegan a un campo de refugiados; de tantas y tantas personas que no pertenecen al llamado “primer mundo” y que se mueren todos los días esperando esa vacuna que nunca llega a su ciudad, como es el caso sangrante de miles de niños que mueren en el Congo por no ser vacunados contra el sarampión.

Cuando pienso en todo esto, creo que estamos demasiado imbuidos en nuestra cotidianidad de confort, si cuando llega un virus (que es verdad que se está cobrando muchas vidas y eso es lo más duro) y por estar confinados en casa, nos ponemos el “Resistiré”. Bien sé que es necesario también animarnos y animar y dar nuestro apoyo a todos los que están trabajando, desviviéndose por ayudar y más teniendo en cuenta las condiciones de escasez de material sanitario, etc. Lo que quiero decir es: ¿por qué no nos ponemos de acuerdo también para ayudar a toda esa gente que lo necesita día a día? ¿Por qué lo dejamos en mano de las ONGS? Que sí, están formadas por personas que ayudan muchísimo y cuya labor es necesaria, pero ¿participamos en ésta? ¿Por qué no nos acordamos de toda esa gente que malvive cuando por ejemplo damos nuestro voto a quien recorta en servicios sociales, sanidad, educación…?

Creo que todos podemos hacer algo en nuestro día a día para mejorar la vida de las personas con las que nos cruzamos y con las que convivimos, y que esto revertirá sin duda en nosotros mismos. Es verdad que no podemos enviar vacunas al Congo, sobre todo aislados, uno solo, desde su casa. Pero no queremos estar más tiempo aislados en nuestra burbuja. Alcemos nuestra voz y pongamos nuestra conciencia juntos en los demás. Pongamos conciencia y que no acalle nuestra voz ni un virus, ni una guerra, ni una sociedad patriarcal… Luchemos contra la inconsciencia y la insolidaridad. Hacen falta grandes cambios, y rápidos. Solos no podemos. El dicho dice: separa, y vencerás. Yo digo: unidos, venceremos. Al hambre, al cambio climático, a la pobreza, a la desigualdad. En mi corcho cuelga estos días una frase que ha puesto mi compañero ahí: “Lo que nos distingue de otros animales, no es la inteligencia sino la capacidad de tomar decisiones que contravengan el orden del sistema. Así lo entendieron los dioses, y temblaron.” Me parece preciosa, es de Chantal Maillard, “La Compasión Difícil”. Y creo que es muy apropiada para estos días de encierro. Para reflexionar y cambiar. Para eso sirven, también, las crisis.

Empecemos por nosotros y continuemos por el mundo que nos rodea. Hace falta valentía y decisión para contravenir el orden establecido. Solos no podemos, pero todos somos parte importante de la sociedad. Y me temo que, en muchos casos, ésta es nuestro reflejo. Ese espejo que devuelve, sobre todo, bajo mi punto de vista, desigualdad; me advierte que quizá estoy acomodada en lo que soy porque lo que a mí me toca, no es tan malo (ni tan bueno). La inacción puede llevarnos también al aislamiento. No solo el coronavirus. Este mensaje me lo envío a mi misma desde el futuro que ya es, que ya está aquí, en forma de vida de ciencia ficción.

DÍAS DE LLUVIA


¡ÁNIMO! 2


lunes, 24 de febrero de 2020

AMA LO QUE HACES







































Hace unos años hice dos pósters a partir de la conferencia que dió Steve Jobs en Standford, en 2005. Elegí esta frase porque me pareció la más inspiradora. Hoy escuchando un vídeo de "Soy Tribu", me he acordado de estos pósters y he querido compartir uno de ellos con vosotros. Un abrazo a tod@s. Espero que os inspire!!!!!

miércoles, 19 de febrero de 2020

JUNTOS




















Hoy no es un día como cualquier otro día

hoy el sol me ha levantado de la cama

en la que dormía junto a ti

nuestra gata me ha regalado mil millones de ronroneos

mientras nos íbamos preparando para salir.


Es la historia de siempre pero hoy es para ti y para mí

recuerdo una mirada furtiva al girarme y toda la ternura del mundo que vino después

he flotado llevada por esa felicidad efímera y duradera de saberse en buena compañía.


Hemos pasado mucho juntos: alegrías, despedidas, crisis, risas, enfermedades…

Hemos crecido juntos: apoyándonos el un@ al otr@, queriéndonos bien

por eso sé que esto no es el principio, es algo simbólico, consolidar todo lo convivido

con sus legañas, sus musarañas, su improvisación, su inspiración y su respiración.

Sobre todo, su respiración que es símbolo de vida.


Vendrán ciudades a buscarnos, porque las necesitamos conocer

Vendrán desconocidos a contarnos, porque los necesitamos conocer

Vendrá el miedo a destaparnos para que podamos ver

Vendrá todo lo bueno que queda por venir, y sobreviviremos a todo lo malo que esté por llegar.

domingo, 26 de enero de 2020

LA MARIPOSA

Érase una vez una mariposa amarilla que se confundía con el sol cuando atravesaba sus rayos.

Un día de lluvia la mariposa voló hasta las nubes que tapaban el sol.

- Hoy no puedo confundirme con tus rayos y mis alas llenas de agua, pesan más. Quiero sentirme ligera entre las sombras igual.

Pero el sol estaba lejos y no la podía escuchar.

- ¿Por qué no sales un rato y volvemos a pasear? Volaremos entre las flores y escaparemos del animal.

Llegó la noche y con ella la luna plateada. La mariposa espantada por sus reflejos mortecinos, se posó junto al lago. En él se reflejaban los largos troncos de los árboles desnudos y sus afiladas ramas, pues el invierno había llegado. La mariposa cerró fuertemente sus alas e intentó descansar. Pero cuanto más lo intentaba, el sueño más se alejaba. Como una sombra entre las sombras comenzó de nuevo a volar. “Mariposa errante, abre con tus alas la noche cerrada.”

Al alba la mariposa cansada se paró de nuevo, esta vez en una rama.

- Qué noche más tenue, es larga como el humo y tiene el color de los sueños, pero todo el mundo la duerme.

EL HOMBRE TUMBADO

Érase una vez un hombre tumbado en un prado verde, como el trigo verde, como los ojos verdes de mi gato. Érase una vez un hombre que descansaba a la sombra de un olmo en el prado verde como los ojos del mar, como la barca que lo atraviesa, como un rayo de esperanza.

Érase una vez un hombre que tenía los ojos cerrados, sobre el prado verde estaba tumbado. La hierba se mecía al sentir el viento alado. El corazón de los hombres es como el sol en un cielo olvidado, la pizarra vacía y el borrador en la mano.

Érase una vez un grupo de hombres con azadas que cortaban el largo trigo espigado. Veo la estampa a lo lejos como si solo fuera un cuadro. Porque yo nunca he visto hombres con azadas cortando el trigo espigado, porque yo nunca he visto el sol ponerse sobre sus hombros cansados. Es como si el cielo que los cubre, fuera más bien un manto blanco. O una noche con luna llena en la que queremos ver su antifaz serena. Luna lunera, cascabelera, detrás de la cama, tengo mi azada.

Pero por la mañana toda la noche se aclara y aunque blanca pareciera entonces, bien negra era su parca. El sol me lo ha dicho de nuevo: en la claridad te veo.

LA MARIPOSA Y EL HOMBRE TUMBADO

Érase una vez una mariposa que revoloteaba en el cielo de los párpados cerrados del hombre tumbado en el prado. Mas por confundirse con los rayos de sol tras sus párpados, el hombre que descansaba al son del viento tumbado, el vaivén de sus alas no notaba.

“Mariposa dorada posa tus alas en mi mirada y arroja los colores de los pétalos de las flores sobre mi cabeza tumbada. Los colores del viento son cálidos en mis párpados cerrados, pero el sol no me deja verte, que sus rayos dejen de esconderte”.

Se nubló el cielo y unas gotas de lluvia cayeron sobre su rostro apagado. Como una rosa que se abre, se encendieron sus ojos cerrados. Como una hoguera en una cueva, sus pasos se levantaron y refugio encontraron. La mariposa ligera voló hasta su mano. Al notar el contacto suave de sus alas, el hombre que había estado tumbado en el prado, se acostó de nuevo en el suelo y se durmió. 

Soñó con fresas silvestres que recogía en un cesto. Al abrir los ojos y ver el cesto vacío pensó que todas se las había comido. La mariposa dorada fuera de la cueva volaba. Y el cielo encendido veía el caminar de vuelta a casa del hombre dormido. Solo faltaban unos pasos para llegar y el prado verde muy lejos quedaba, como una mancha borrosa de tinta china que el agua de la lluvia olvida. Ya en casa besó a su mujer, acarició a su gato y se quitó los zapatos llenos de barro. “Mariposa alada vuela de vuelta a los sueños que se cierran como ventanas. Mariposa dorada posa tus alas en mis ojos e ilumina con tu luz mi morada; como si la noche nunca llegara”.