domingo, 23 de agosto de 2026

SER ÁRBOL

























Carta a mi niña interior

 
¿Sabes? Siempre me han gustado los árboles: los frutales que plantaba el abuelo, los plátanos que sorteaba con mi bicicleta, el sauce que casi podía tocar desde mi ventana, los olivos del pueblo, los chopos de la ribera de los ríos, los robles y las hayas, el drago milenario… Y tantos otros árboles que jalonan avenidas, que crecen en los jardines, en los bosques o en los parques, en los patios. Siempre me han encandilado: robustos, fuertes o delicados, pequeños o enormes, siempre bellos y sabios.

Quiero creer que nos parecemos a ellos más de lo que pensamos.

Tú me has visto crecer y romperme, florecer y dar frutos, cargar con demasiado peso y finalmente, entender el porqué cuando la nieve que se me agolpaba, se ha derretido. Quiero ser árbol para ti, mi niña, que te arropa entre sus ramas y entre sus hojas te da cobijo, o te deja a la intemperie para que sientas el frío viento en tu rostro y que así vuele tu pelo, aprendiendo a resistir y a buscar tus propios métodos de abrigo. Te daré sombra en verano y te acunaré con el tintineo de mis hojas cuando sople la brisa. Seré refugio en la tormenta y si quieres harás de mí tu hogar. Yo seguiré enraizada a la tierra para que pises con firmeza o suavemente. Ya nadie me moverá de tu lado, porque fuiste tú, mi niña, quien me enseñó a ser así, como un árbol.

También en Instagram: @generacion_de_mujeres_del_26.

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