lunes, 25 de noviembre de 2013

DOS MIL CINCUENTA


























La vejez te golpea con el derechazo del boxeador
le cedes el asiento y piensas cómo debe de ser
vivir en un cuerpo consumido casi
a las puertas del final
-mejor no pensar, le dices sin embargo
al abuelo intentándole animar
y él se anima, claro-
en un cansancio de muerte infinito
la vejez te da un mazazo
te pone frente al espejo de la realidad
que un día llegará
si también lo hace el dos mil cincuenta
tendré entonces setenta y un años
no son tantos, todavía no
la esperanza de vida se ha dilatado
como los finos surcos que deja la marea en la arena
esas hebras
que tanto se asemejan
a la savia huyendo de los nervios de la hoja.

Al marcharte nos dejarás
escarcha en el corazón.

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