jueves, 2 de abril de 2020

2 ABRIL 2020

Últimamente no puedo despegarme de la pantalla. Paso de una pantalla a otra con suma facilidad e incluso estoy descubriéndome en los últimos días un poco adicta a la conexión en redes sociales. Del ordenador, al móvil, del móvil a la televisión y de nuevo al móvil y del móvil al ordenador. Es verdad que en el ordenador se pueden hacer muchas cosas, no solo conectarse a internet y a todos sus contenidos; pero en estos días de confinamiento mi actividad en Facebook, por ejemplo, se ha cuadriplicado (antes a penas lo abría y me pasaba días sin mirarlo). Ahora necesito de esa conectividad, saber que las personas estáis ahí, que seguimos en el mismo barco. Aunque algunos queramos remar hacia un lado y otros hacia otro habitualmente, en estos días creo que es indiscutible que hay ciertas cosas que nos unen. No me refiero a la crisis, sino a la forma en la que la estamos afrontando y a la imperiosa necesidad de salir de ella.

Así, se podría pensar que una vez que esto acabe, una vez que salgamos de ésta, volveremos a la ley de la selva, a la del sálvese quién pueda. Hay personas que piensan que quien era solidario antes de la crisis lo seguirá siendo y quien no lo era, seguirá sin serlo después de la crisis. No les faltan razones para pensarlo.

Voy a hablar de mi caso en particular. Pues, como casi todos, no es la primera crisis que afronto a nivel personal. Entonces, ¿qué hace tan diferente a esta crisis que se está llevando por delante miles de vidas? Creo que es que todos la estamos sufriendo juntos.

Es verdad, que esta crisis evidencia las diferencias: no es lo mismo ser anciano que ser niño, o joven, o adulto; ni tampoco es lo mismo vivir en una casa cómoda con todo lo que se necesita al alcance de la mano que en una casa pequeña en la que conviven muchas personas con necesidades sin cubrir; por no decir de las personas sin hogar. Está claro que ésta es una brecha que no se puede negar. Por no hablar de las personas que siguen viviendo una guerra, de los que huyen de ella y llegan a un campo de refugiados; de tantas y tantas personas que no pertenecen al llamado “primer mundo” y que se mueren todos los días esperando esa vacuna que nunca llega a su ciudad, como es el caso sangrante de miles de niños que mueren en el Congo por no ser vacunados contra el sarampión.

Cuando pienso en todo esto, creo que estamos demasiado imbuidos en nuestra cotidianidad de confort, si cuando llega un virus (que es verdad que se está cobrando muchas vidas y eso es lo más duro) y por estar confinados en casa, nos ponemos el “Resistiré”. Bien sé que es necesario también animarnos y animar y dar nuestro apoyo a todos los que están trabajando, desviviéndose por ayudar y más teniendo en cuenta las condiciones de escasez de material sanitario, etc. Lo que quiero decir es: ¿por qué no nos ponemos de acuerdo también para ayudar a toda esa gente que lo necesita día a día? ¿Por qué lo dejamos en mano de las ONGS? Que sí, están formadas por personas que ayudan muchísimo y cuya labor es necesaria, pero ¿participamos en ésta? ¿Por qué no nos acordamos de toda esa gente que malvive cuando por ejemplo damos nuestro voto a quien recorta en servicios sociales, sanidad, educación…?

Creo que todos podemos hacer algo en nuestro día a día para mejorar la vida de las personas con las que nos cruzamos y con las que convivimos, y que esto revertirá sin duda en nosotros mismos. Es verdad que no podemos enviar vacunas al Congo, sobre todo aislados, uno solo, desde su casa. Pero no queremos estar más tiempo aislados en nuestra burbuja. Alcemos nuestra voz y pongamos nuestra conciencia juntos en los demás. Pongamos conciencia y que no acalle nuestra voz ni un virus, ni una guerra, ni una sociedad patriarcal… Luchemos contra la inconsciencia y la insolidaridad. Hacen falta grandes cambios, y rápidos. Solos no podemos. El dicho dice: separa, y vencerás. Yo digo: unidos, venceremos. Al hambre, al cambio climático, a la pobreza, a la desigualdad. En mi corcho cuelga estos días una frase que ha puesto mi compañero ahí: “Lo que nos distingue de otros animales, no es la inteligencia sino la capacidad de tomar decisiones que contravengan el orden del sistema. Así lo entendieron los dioses, y temblaron.” Me parece preciosa, es de Chantal Maillard, “La Compasión Difícil”. Y creo que es muy apropiada para estos días de encierro. Para reflexionar y cambiar. Para eso sirven, también, las crisis.

Empecemos por nosotros y continuemos por el mundo que nos rodea. Hace falta valentía y decisión para contravenir el orden establecido. Solos no podemos, pero todos somos parte importante de la sociedad. Y me temo que, en muchos casos, ésta es nuestro reflejo. Ese espejo que devuelve, sobre todo, bajo mi punto de vista, desigualdad; me advierte que quizá estoy acomodada en lo que soy porque lo que a mí me toca, no es tan malo (ni tan bueno). La inacción puede llevarnos también al aislamiento. No solo el coronavirus. Este mensaje me lo envío a mi misma desde el futuro que ya es, que ya está aquí, en forma de vida de ciencia ficción.

DÍAS DE LLUVIA


¡ÁNIMO! 2


lunes, 24 de febrero de 2020

AMA LO QUE HACES







































Hace unos años hice dos pósters a partir de la conferencia que dió Steve Jobs en Standford, en 2005. Elegí esta frase porque me pareció la más inspiradora. Hoy escuchando un vídeo de "Soy Tribu", me he acordado de estos pósters y he querido compartir uno de ellos con vosotros. Un abrazo a tod@s. Espero que os inspire!!!!!

miércoles, 19 de febrero de 2020

JUNTOS




















Hoy no es un día como cualquier otro día

hoy el sol me ha levantado de la cama

en la que dormía junto a ti

nuestra gata me ha regalado mil millones de ronroneos

mientras nos íbamos preparando para salir.


Es la historia de siempre pero hoy es para ti y para mí

recuerdo una mirada furtiva al girarme y toda la ternura del mundo que vino después

he flotado llevada por esa felicidad efímera y duradera de saberse en buena compañía.


Hemos pasado mucho juntos: alegrías, despedidas, crisis, risas, enfermedades…

Hemos crecido juntos: apoyándonos el un@ al otr@, queriéndonos bien

por eso sé que esto no es el principio, es algo simbólico, consolidar todo lo convivido

con sus legañas, sus musarañas, su improvisación, su inspiración y su respiración.

Sobre todo, su respiración que es símbolo de vida.


Vendrán ciudades a buscarnos, porque las necesitamos conocer

Vendrán desconocidos a contarnos, porque los necesitamos conocer

Vendrá el miedo a destaparnos para que podamos ver

Vendrá todo lo bueno que queda por venir, y sobreviviremos a todo lo malo que esté por llegar.

domingo, 26 de enero de 2020

LA MARIPOSA

Érase una vez una mariposa amarilla que se confundía con el sol cuando atravesaba sus rayos.

Un día de lluvia la mariposa voló hasta las nubes que tapaban el sol.

- Hoy no puedo confundirme con tus rayos y mis alas llenas de agua, pesan más. Quiero sentirme ligera entre las sombras igual.

Pero el sol estaba lejos y no la podía escuchar.

- ¿Por qué no sales un rato y volvemos a pasear? Volaremos entre las flores y escaparemos del animal.

Llegó la noche y con ella la luna plateada. La mariposa espantada por sus reflejos mortecinos, se posó junto al lago. En él se reflejaban los largos troncos de los árboles desnudos y sus afiladas ramas, pues el invierno había llegado. La mariposa cerró fuertemente sus alas e intentó descansar. Pero cuanto más lo intentaba, el sueño más se alejaba. Como una sombra entre las sombras comenzó de nuevo a volar. “Mariposa errante, abre con tus alas la noche cerrada.”

Al alba la mariposa cansada se paró de nuevo, esta vez en una rama.

- Qué noche más tenue, es larga como el humo y tiene el color de los sueños, pero todo el mundo la duerme.

EL HOMBRE TUMBADO

Érase una vez un hombre tumbado en un prado verde, como el trigo verde, como los ojos verdes de mi gato. Érase una vez un hombre que descansaba a la sombra de un olmo en el prado verde como los ojos del mar, como la barca que lo atraviesa, como un rayo de esperanza.

Érase una vez un hombre que tenía los ojos cerrados, sobre el prado verde estaba tumbado. La hierba se mecía al sentir el viento alado. El corazón de los hombres es como el sol en un cielo olvidado, la pizarra vacía y el borrador en la mano.

Érase una vez un grupo de hombres con azadas que cortaban el largo trigo espigado. Veo la estampa a lo lejos como si solo fuera un cuadro. Porque yo nunca he visto hombres con azadas cortando el trigo espigado, porque yo nunca he visto el sol ponerse sobre sus hombros cansados. Es como si el cielo que los cubre, fuera más bien un manto blanco. O una noche con luna llena en la que queremos ver su antifaz serena. Luna lunera, cascabelera, detrás de la cama, tengo mi azada.

Pero por la mañana toda la noche se aclara y aunque blanca pareciera entonces, bien negra era su parca. El sol me lo ha dicho de nuevo: en la claridad te veo.

LA MARIPOSA Y EL HOMBRE TUMBADO

Érase una vez una mariposa que revoloteaba en el cielo de los párpados cerrados del hombre tumbado en el prado. Mas por confundirse con los rayos de sol tras sus párpados, el hombre que descansaba al son del viento tumbado, el vaivén de sus alas no notaba.

“Mariposa dorada posa tus alas en mi mirada y arroja los colores de los pétalos de las flores sobre mi cabeza tumbada. Los colores del viento son cálidos en mis párpados cerrados, pero el sol no me deja verte, que sus rayos dejen de esconderte”.

Se nubló el cielo y unas gotas de lluvia cayeron sobre su rostro apagado. Como una rosa que se abre, se encendieron sus ojos cerrados. Como una hoguera en una cueva, sus pasos se levantaron y refugio encontraron. La mariposa ligera voló hasta su mano. Al notar el contacto suave de sus alas, el hombre que había estado tumbado en el prado, se acostó de nuevo en el suelo y se durmió. 

Soñó con fresas silvestres que recogía en un cesto. Al abrir los ojos y ver el cesto vacío pensó que todas se las había comido. La mariposa dorada fuera de la cueva volaba. Y el cielo encendido veía el caminar de vuelta a casa del hombre dormido. Solo faltaban unos pasos para llegar y el prado verde muy lejos quedaba, como una mancha borrosa de tinta china que el agua de la lluvia olvida. Ya en casa besó a su mujer, acarició a su gato y se quitó los zapatos llenos de barro. “Mariposa alada vuela de vuelta a los sueños que se cierran como ventanas. Mariposa dorada posa tus alas en mis ojos e ilumina con tu luz mi morada; como si la noche nunca llegara”.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Coldplay - Yellow




¿Por qué me está flipando tanto esta canción después de tantos años? No es que antes no me gustara, pero es que hoy no puedo parar de escucharla!!! Cosas del directo ;)

domingo, 25 de agosto de 2019

EN EL TREN


UN DÍA COMO HOY

Esta mañana hemos visto las estrellas desde tu habitación

esta mañana hemos rodado como limones maduros caídos del árbol de tu patio

esta mañana hemos visto las estrellas desde tu cuarto

y hemos cantado al cielo su canción na nana nana.

A mediodía, en lo alto el sol, nos hemos llevado tu sonrisa a nuestra habitación

a mediodía hemos hablado de los colores cambiantes de las hojas en sus ramas

y hemos medido la velocidad en las ruedas de tu coche,

a mediodía hemos atravesado con el viento la ciudad.

Por la tarde hemos vuelto a casa, hemos encendido el amplificador

por la tarde, por la tarde

hemos apagado la fiebre en las cuerdas de mi guitarra y hemos soñado con maullidos de gatos callejeros

por la tarde ha llegado la tarde a nuestra ventana abierta

y hemos cantado a las nubes su canción na nanana na.

Aún no ha llegado la noche y las ramas de los árboles se balancean

como el reloj parado en otra pared de otra casa

aún no ha llegado la noche y ya sueño con soles como estrellas

aún no ha llegado la noche pero seguimos aquí como dos gatos

vagabundeando el domingo por las ramas de los árboles que se balancean

y a veces es más fácil abrir los ojos y mirar en un día como Hoy.


The National - Heavenfaced

TODO O NADA

Siento el agua seca

como la piel lejana

como la manzana en el árbol.

Siento que algo ha muerto

como el sol de invierno

como la manzana en el suelo.

Yo también estoy triste

por qué si no estas ojeras

por qué si no estas pocas ganas.

Cuando algo termina

es como si se vaciase el mar

por el desagüe del lavabo.

Y de repente todo pierde valor

los porqués y paraqués

campan a sus anchas

como si el mundo se hubiera inundado

de todo ese mar

que se vació por el desagüe del lavabo.