Voy recorriendo la casa
como si fuera mi cuerpo: desde la terraza al salón y de allí a la ventana del cuarto
sé que quiero salir
de la casa, de mi cuerpo, para encontrarnos allí donde la palabra pide silencio
sé que quiero salir
estar aquí se ha convertido en oración y patria, en una naranja sobre la mesa, el sol
si pudiera
alzaría mis brazos en mitad de la calle para que me vieras, te estoy esperando
si nos dejasen
buscaría menos razones y tendría motivos suficientes para correr con lobos
si quisieras
me acompañarías sin preguntar por qué vuelve a estar en su lugar el astro mayor.
viernes, 15 de mayo de 2020
miércoles, 13 de mayo de 2020
II. LA DINASTÍA DEL MOCHUELO
De chaval mi abuelo aprendió, como la mayoría de los niños del pueblo, a hacer el mochuelo. Por eso les llamaban "la dinastía del mochuelo" o, simplemente, mochuelos: entrelazaban sus dedos y poniendo los dos dedos gordos juntos, soplaban entre ellos, abriendo y cerrando las dos manos.
Mi abuelo siempre imitaba el ulular cuando estaba contento y en el campo. Nunca he visto un mochuelo igual a él, con esa sonrisa solar y pícara en sus ojos nocturnos llenos de cielo abierto.
Volar era, para él, tan fácil como subirse a un cerezo para picar sus frutos. Luego decía que habían sido los pájaros y, como si fuéramos simples excursionistas, le dábamos la razón. Mientras, mi abuela le sacudía la camisa y guiñándonos un ojo nos señalaba las plumas huidizas que volaban a nuestro alrededor. A la hora de dormir nos daban las buenas noches, diciéndonos: "hasta mañana, mochuelos". Pero ninguno sabíamos ulular como él.
Lo que sí heredé de él de pequeña fue su gusto por las lombrices. Cogía un palo y, los días de lluvia, las cazaba de entre la tierra mojada y jugábamos a lanzarlas lo más lejos posible. Creo que nunca se lo dije, pero él lo sabe; si no por qué todavía hoy en las noches cerradas si miro con atención, puedo verle delante del cielo azul con sus manos juntas llamándome uh-uh uh-uh como a uno de sus mochuelos. Al levantarme por la mañana me encuentro una lombriz que me trajo en su pico de infancia la lluvia. ¿O sería él, mi abuelo de "la dinastía del mochuelo"?
Mi abuelo siempre imitaba el ulular cuando estaba contento y en el campo. Nunca he visto un mochuelo igual a él, con esa sonrisa solar y pícara en sus ojos nocturnos llenos de cielo abierto.
Volar era, para él, tan fácil como subirse a un cerezo para picar sus frutos. Luego decía que habían sido los pájaros y, como si fuéramos simples excursionistas, le dábamos la razón. Mientras, mi abuela le sacudía la camisa y guiñándonos un ojo nos señalaba las plumas huidizas que volaban a nuestro alrededor. A la hora de dormir nos daban las buenas noches, diciéndonos: "hasta mañana, mochuelos". Pero ninguno sabíamos ulular como él.
Lo que sí heredé de él de pequeña fue su gusto por las lombrices. Cogía un palo y, los días de lluvia, las cazaba de entre la tierra mojada y jugábamos a lanzarlas lo más lejos posible. Creo que nunca se lo dije, pero él lo sabe; si no por qué todavía hoy en las noches cerradas si miro con atención, puedo verle delante del cielo azul con sus manos juntas llamándome uh-uh uh-uh como a uno de sus mochuelos. Al levantarme por la mañana me encuentro una lombriz que me trajo en su pico de infancia la lluvia. ¿O sería él, mi abuelo de "la dinastía del mochuelo"?
lunes, 11 de mayo de 2020
I.
Todo está en ordenado desorden
las revistas, los libros, los adornos...
incluso la bolsa de tela colgada del respaldo de la silla reposa en armonía
los patucos blancos de mi gata sobre los que descansa su cabeza y su cuerpo hecho un ovillo
la lámpara roja encendida sobre la mesa alta
el sonido al pasar las páginas del periódico mientras lo ojeas
"the cup of love"... Todo me envuelve con sencillez
mientras la luz del sol se va disipando dejando paso a la cercanía de la noche
pero no todavía, ahora el crepúsculo, ahora esa hora preferida para soñar despierta
como si el mundo descansase en el cuenco de mis manos y en ninguna parte y solo así pudiera verlo sin mirarlo
¡son tantos los días que agradezco asistir al ocaso!
Nos sostiene, Dios quizás, de un hilo cortado
aquí no somos marionetas: todo nos pertenece y a todo pertenecemos
soy una con su calidez, en mi hogar
y todo aquello que desconozco no da miedo.
las revistas, los libros, los adornos...
incluso la bolsa de tela colgada del respaldo de la silla reposa en armonía
los patucos blancos de mi gata sobre los que descansa su cabeza y su cuerpo hecho un ovillo
la lámpara roja encendida sobre la mesa alta
el sonido al pasar las páginas del periódico mientras lo ojeas
"the cup of love"... Todo me envuelve con sencillez
mientras la luz del sol se va disipando dejando paso a la cercanía de la noche
pero no todavía, ahora el crepúsculo, ahora esa hora preferida para soñar despierta
como si el mundo descansase en el cuenco de mis manos y en ninguna parte y solo así pudiera verlo sin mirarlo
¡son tantos los días que agradezco asistir al ocaso!
Nos sostiene, Dios quizás, de un hilo cortado
aquí no somos marionetas: todo nos pertenece y a todo pertenecemos
soy una con su calidez, en mi hogar
y todo aquello que desconozco no da miedo.
viernes, 24 de abril de 2020
LA CASA DE HUÉSPEDES
El ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana un nuevo recién llegado.
Una alegría, una tristeza, una maldad
Cierta conciencia momentánea llega
Como un visitante inesperado.
¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,
Que vacían tu casa con violencia
Aún así, trata a cada huésped con honor
Puede estar creándote el espacio
Para un nuevo deleite
Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,
Recíbelos en la puerta riendo
E invítalos a entrar
Sé agradecido con quien quiera que venga
Porque cada uno ha sido enviado
Como un guía del más allá.
Poema de Rumi, un poeta Sufi del siglo XIII
Cada mañana un nuevo recién llegado.
Una alegría, una tristeza, una maldad
Cierta conciencia momentánea llega
Como un visitante inesperado.
¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!
Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,
Que vacían tu casa con violencia
Aún así, trata a cada huésped con honor
Puede estar creándote el espacio
Para un nuevo deleite
Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,
Recíbelos en la puerta riendo
E invítalos a entrar
Sé agradecido con quien quiera que venga
Porque cada uno ha sido enviado
Como un guía del más allá.
Poema de Rumi, un poeta Sufi del siglo XIII
lunes, 20 de abril de 2020
jueves, 2 de abril de 2020
2 ABRIL 2020
Últimamente no puedo despegarme de la pantalla. Paso de una pantalla a otra con suma facilidad e incluso estoy descubriéndome en los últimos días un poco adicta a la conexión en redes sociales. Del ordenador, al móvil, del móvil a la televisión y de nuevo al móvil y del móvil al ordenador. Es verdad que en el ordenador se pueden hacer muchas cosas, no solo conectarse a internet y a todos sus contenidos; pero en estos días de confinamiento mi actividad en Facebook, por ejemplo, se ha cuadriplicado (antes a penas lo abría y me pasaba días sin mirarlo). Ahora necesito de esa conectividad, saber que las personas estáis ahí, que seguimos en el mismo barco. Aunque algunos queramos remar hacia un lado y otros hacia otro habitualmente, en estos días creo que es indiscutible que hay ciertas cosas que nos unen. No me refiero a la crisis, sino a la forma en la que la estamos afrontando y a la imperiosa necesidad de salir de ella.
Así, se podría pensar que una vez que esto acabe, una vez que salgamos de ésta, volveremos a la ley de la selva, a la del sálvese quién pueda. Hay personas que piensan que quien era solidario antes de la crisis lo seguirá siendo y quien no lo era, seguirá sin serlo después de la crisis. No les faltan razones para pensarlo.
Voy a hablar de mi caso en particular. Pues, como casi todos, no es la primera crisis que afronto a nivel personal. Entonces, ¿qué hace tan diferente a esta crisis que se está llevando por delante miles de vidas? Creo que es que todos la estamos sufriendo juntos.
Es verdad, que esta crisis evidencia las diferencias: no es lo mismo ser anciano que ser niño, o joven, o adulto; ni tampoco es lo mismo vivir en una casa cómoda con todo lo que se necesita al alcance de la mano que en una casa pequeña en la que conviven muchas personas con necesidades sin cubrir; por no decir de las personas sin hogar. Está claro que ésta es una brecha que no se puede negar. Por no hablar de las personas que siguen viviendo una guerra, de los que huyen de ella y llegan a un campo de refugiados; de tantas y tantas personas que no pertenecen al llamado “primer mundo” y que se mueren todos los días esperando esa vacuna que nunca llega a su ciudad, como es el caso sangrante de miles de niños que mueren en el Congo por no ser vacunados contra el sarampión.
Cuando pienso en todo esto, creo que estamos demasiado imbuidos en nuestra cotidianidad de confort, si cuando llega un virus (que es verdad que se está cobrando muchas vidas y eso es lo más duro) y por estar confinados en casa, nos ponemos el “Resistiré”. Bien sé que es necesario también animarnos y animar y dar nuestro apoyo a todos los que están trabajando, desviviéndose por ayudar y más teniendo en cuenta las condiciones de escasez de material sanitario, etc. Lo que quiero decir es: ¿por qué no nos ponemos de acuerdo también para ayudar a toda esa gente que lo necesita día a día? ¿Por qué lo dejamos en mano de las ONGS? Que sí, están formadas por personas que ayudan muchísimo y cuya labor es necesaria, pero ¿participamos en ésta? ¿Por qué no nos acordamos de toda esa gente que malvive cuando por ejemplo damos nuestro voto a quien recorta en servicios sociales, sanidad, educación…?
Creo que todos podemos hacer algo en nuestro día a día para mejorar la vida de las personas con las que nos cruzamos y con las que convivimos, y que esto revertirá sin duda en nosotros mismos. Es verdad que no podemos enviar vacunas al Congo, sobre todo aislados, uno solo, desde su casa. Pero no queremos estar más tiempo aislados en nuestra burbuja. Alcemos nuestra voz y pongamos nuestra conciencia juntos en los demás. Pongamos conciencia y que no acalle nuestra voz ni un virus, ni una guerra, ni una sociedad patriarcal… Luchemos contra la inconsciencia y la insolidaridad. Hacen falta grandes cambios, y rápidos. Solos no podemos. El dicho dice: separa, y vencerás. Yo digo: unidos, venceremos. Al hambre, al cambio climático, a la pobreza, a la desigualdad. En mi corcho cuelga estos días una frase que ha puesto mi compañero ahí: “Lo que nos distingue de otros animales, no es la inteligencia sino la capacidad de tomar decisiones que contravengan el orden del sistema. Así lo entendieron los dioses, y temblaron.” Me parece preciosa, es de Chantal Maillard, “La Compasión Difícil”. Y creo que es muy apropiada para estos días de encierro. Para reflexionar y cambiar. Para eso sirven, también, las crisis.
Empecemos por nosotros y continuemos por el mundo que nos rodea. Hace falta valentía y decisión para contravenir el orden establecido. Solos no podemos, pero todos somos parte importante de la sociedad. Y me temo que, en muchos casos, ésta es nuestro reflejo. Ese espejo que devuelve, sobre todo, bajo mi punto de vista, desigualdad; me advierte que quizá estoy acomodada en lo que soy porque lo que a mí me toca, no es tan malo (ni tan bueno). La inacción puede llevarnos también al aislamiento. No solo el coronavirus. Este mensaje me lo envío a mi misma desde el futuro que ya es, que ya está aquí, en forma de vida de ciencia ficción.
Así, se podría pensar que una vez que esto acabe, una vez que salgamos de ésta, volveremos a la ley de la selva, a la del sálvese quién pueda. Hay personas que piensan que quien era solidario antes de la crisis lo seguirá siendo y quien no lo era, seguirá sin serlo después de la crisis. No les faltan razones para pensarlo.
Voy a hablar de mi caso en particular. Pues, como casi todos, no es la primera crisis que afronto a nivel personal. Entonces, ¿qué hace tan diferente a esta crisis que se está llevando por delante miles de vidas? Creo que es que todos la estamos sufriendo juntos.
Es verdad, que esta crisis evidencia las diferencias: no es lo mismo ser anciano que ser niño, o joven, o adulto; ni tampoco es lo mismo vivir en una casa cómoda con todo lo que se necesita al alcance de la mano que en una casa pequeña en la que conviven muchas personas con necesidades sin cubrir; por no decir de las personas sin hogar. Está claro que ésta es una brecha que no se puede negar. Por no hablar de las personas que siguen viviendo una guerra, de los que huyen de ella y llegan a un campo de refugiados; de tantas y tantas personas que no pertenecen al llamado “primer mundo” y que se mueren todos los días esperando esa vacuna que nunca llega a su ciudad, como es el caso sangrante de miles de niños que mueren en el Congo por no ser vacunados contra el sarampión.
Cuando pienso en todo esto, creo que estamos demasiado imbuidos en nuestra cotidianidad de confort, si cuando llega un virus (que es verdad que se está cobrando muchas vidas y eso es lo más duro) y por estar confinados en casa, nos ponemos el “Resistiré”. Bien sé que es necesario también animarnos y animar y dar nuestro apoyo a todos los que están trabajando, desviviéndose por ayudar y más teniendo en cuenta las condiciones de escasez de material sanitario, etc. Lo que quiero decir es: ¿por qué no nos ponemos de acuerdo también para ayudar a toda esa gente que lo necesita día a día? ¿Por qué lo dejamos en mano de las ONGS? Que sí, están formadas por personas que ayudan muchísimo y cuya labor es necesaria, pero ¿participamos en ésta? ¿Por qué no nos acordamos de toda esa gente que malvive cuando por ejemplo damos nuestro voto a quien recorta en servicios sociales, sanidad, educación…?
Creo que todos podemos hacer algo en nuestro día a día para mejorar la vida de las personas con las que nos cruzamos y con las que convivimos, y que esto revertirá sin duda en nosotros mismos. Es verdad que no podemos enviar vacunas al Congo, sobre todo aislados, uno solo, desde su casa. Pero no queremos estar más tiempo aislados en nuestra burbuja. Alcemos nuestra voz y pongamos nuestra conciencia juntos en los demás. Pongamos conciencia y que no acalle nuestra voz ni un virus, ni una guerra, ni una sociedad patriarcal… Luchemos contra la inconsciencia y la insolidaridad. Hacen falta grandes cambios, y rápidos. Solos no podemos. El dicho dice: separa, y vencerás. Yo digo: unidos, venceremos. Al hambre, al cambio climático, a la pobreza, a la desigualdad. En mi corcho cuelga estos días una frase que ha puesto mi compañero ahí: “Lo que nos distingue de otros animales, no es la inteligencia sino la capacidad de tomar decisiones que contravengan el orden del sistema. Así lo entendieron los dioses, y temblaron.” Me parece preciosa, es de Chantal Maillard, “La Compasión Difícil”. Y creo que es muy apropiada para estos días de encierro. Para reflexionar y cambiar. Para eso sirven, también, las crisis.
Empecemos por nosotros y continuemos por el mundo que nos rodea. Hace falta valentía y decisión para contravenir el orden establecido. Solos no podemos, pero todos somos parte importante de la sociedad. Y me temo que, en muchos casos, ésta es nuestro reflejo. Ese espejo que devuelve, sobre todo, bajo mi punto de vista, desigualdad; me advierte que quizá estoy acomodada en lo que soy porque lo que a mí me toca, no es tan malo (ni tan bueno). La inacción puede llevarnos también al aislamiento. No solo el coronavirus. Este mensaje me lo envío a mi misma desde el futuro que ya es, que ya está aquí, en forma de vida de ciencia ficción.
domingo, 15 de marzo de 2020
lunes, 24 de febrero de 2020
AMA LO QUE HACES
Hace unos años hice dos pósters a partir de la conferencia que dió Steve Jobs en Standford, en 2005. Elegí esta frase porque me pareció la más inspiradora. Hoy escuchando un vídeo de "Soy Tribu", me he acordado de estos pósters y he querido compartir uno de ellos con vosotros. Un abrazo a tod@s. Espero que os inspire!!!!!
miércoles, 19 de febrero de 2020
JUNTOS
Hoy no es un día como cualquier otro día
hoy el sol me ha levantado de la cama
en la que dormía junto a ti
nuestra gata me ha regalado mil millones de ronroneos
mientras nos íbamos preparando para salir.
en la que dormía junto a ti
nuestra gata me ha regalado mil millones de ronroneos
mientras nos íbamos preparando para salir.
Es la historia de siempre pero hoy es para ti y para mí
recuerdo una mirada furtiva al girarme y toda la ternura del mundo que vino después
he flotado llevada por esa felicidad efímera y duradera de saberse en buena compañía.
Hemos pasado mucho juntos: alegrías, despedidas, crisis, risas, enfermedades…
Hemos crecido juntos: apoyándonos el un@ al otr@, queriéndonos bien
por eso sé que esto no es el principio, es algo simbólico, consolidar todo lo convivido
con sus legañas, sus musarañas, su improvisación, su inspiración y su respiración.
Sobre todo, su respiración que es símbolo de vida.
Vendrán ciudades a buscarnos, porque las necesitamos conocer
recuerdo una mirada furtiva al girarme y toda la ternura del mundo que vino después
he flotado llevada por esa felicidad efímera y duradera de saberse en buena compañía.
Hemos pasado mucho juntos: alegrías, despedidas, crisis, risas, enfermedades…
Hemos crecido juntos: apoyándonos el un@ al otr@, queriéndonos bien
por eso sé que esto no es el principio, es algo simbólico, consolidar todo lo convivido
con sus legañas, sus musarañas, su improvisación, su inspiración y su respiración.
Sobre todo, su respiración que es símbolo de vida.
Vendrán ciudades a buscarnos, porque las necesitamos conocer
Vendrán desconocidos a contarnos, porque los necesitamos conocer
Vendrá el miedo a destaparnos para que podamos ver
Vendrá todo lo bueno que queda por venir, y sobreviviremos a todo lo malo que esté por llegar.
Vendrá el miedo a destaparnos para que podamos ver
Vendrá todo lo bueno que queda por venir, y sobreviviremos a todo lo malo que esté por llegar.
domingo, 26 de enero de 2020
LA MARIPOSA
Érase una vez una mariposa amarilla que se confundía con el sol cuando atravesaba sus rayos.
Un día de lluvia la mariposa voló hasta las nubes que tapaban el sol.
- Hoy no puedo confundirme con tus rayos y mis alas llenas de agua, pesan más. Quiero sentirme ligera entre las sombras igual.
Pero el sol estaba lejos y no la podía escuchar.
- ¿Por qué no sales un rato y volvemos a pasear? Volaremos entre las flores y escaparemos del animal.
Al alba la mariposa cansada se paró de nuevo, esta vez en una rama.
- Qué noche más tenue, es larga como el humo y tiene el color de los sueños, pero todo el mundo la duerme.
Un día de lluvia la mariposa voló hasta las nubes que tapaban el sol.
- Hoy no puedo confundirme con tus rayos y mis alas llenas de agua, pesan más. Quiero sentirme ligera entre las sombras igual.
Pero el sol estaba lejos y no la podía escuchar.
- ¿Por qué no sales un rato y volvemos a pasear? Volaremos entre las flores y escaparemos del animal.
Llegó la noche y con ella la luna plateada. La mariposa espantada por sus reflejos mortecinos, se posó junto al lago. En él se reflejaban los largos troncos de los árboles desnudos y sus afiladas ramas, pues el invierno había llegado. La mariposa cerró fuertemente sus alas e intentó descansar. Pero cuanto más lo intentaba, el sueño más se alejaba. Como una sombra entre las sombras comenzó de nuevo a volar. “Mariposa errante, abre con tus alas la noche cerrada.”
Al alba la mariposa cansada se paró de nuevo, esta vez en una rama.
- Qué noche más tenue, es larga como el humo y tiene el color de los sueños, pero todo el mundo la duerme.
EL HOMBRE TUMBADO
Érase una vez un hombre tumbado en un prado verde, como el trigo verde, como los ojos verdes de mi gato. Érase una vez un hombre que descansaba a la sombra de un olmo en el prado verde como los ojos del mar, como la barca que lo atraviesa, como un rayo de esperanza.
Érase una vez un hombre que tenía los ojos cerrados, sobre el prado verde estaba tumbado. La hierba se mecía al sentir el viento alado. El corazón de los hombres es como el sol en un cielo olvidado, la pizarra vacía y el borrador en la mano.
Érase una vez un grupo de hombres con azadas que cortaban el largo trigo espigado. Veo la estampa a lo lejos como si solo fuera un cuadro. Porque yo nunca he visto hombres con azadas cortando el trigo espigado, porque yo nunca he visto el sol ponerse sobre sus hombros cansados. Es como si el cielo que los cubre, fuera más bien un manto blanco. O una noche con luna llena en la que queremos ver su antifaz serena. Luna lunera, cascabelera, detrás de la cama, tengo mi azada.
Pero por la mañana toda la noche se aclara y aunque blanca pareciera entonces, bien negra era su parca. El sol me lo ha dicho de nuevo: en la claridad te veo.
Érase una vez un hombre que tenía los ojos cerrados, sobre el prado verde estaba tumbado. La hierba se mecía al sentir el viento alado. El corazón de los hombres es como el sol en un cielo olvidado, la pizarra vacía y el borrador en la mano.
Érase una vez un grupo de hombres con azadas que cortaban el largo trigo espigado. Veo la estampa a lo lejos como si solo fuera un cuadro. Porque yo nunca he visto hombres con azadas cortando el trigo espigado, porque yo nunca he visto el sol ponerse sobre sus hombros cansados. Es como si el cielo que los cubre, fuera más bien un manto blanco. O una noche con luna llena en la que queremos ver su antifaz serena. Luna lunera, cascabelera, detrás de la cama, tengo mi azada.
Pero por la mañana toda la noche se aclara y aunque blanca pareciera entonces, bien negra era su parca. El sol me lo ha dicho de nuevo: en la claridad te veo.
LA MARIPOSA Y EL HOMBRE TUMBADO
Érase una vez una mariposa que revoloteaba en el cielo de los párpados cerrados del hombre tumbado en el prado. Mas por confundirse con los rayos de sol tras sus párpados, el hombre que descansaba al son del viento tumbado, el vaivén de sus alas no notaba.
“Mariposa dorada posa tus alas en mi mirada y arroja los colores de los pétalos de las flores sobre mi cabeza tumbada. Los colores del viento son cálidos en mis párpados cerrados, pero el sol no me deja verte, que sus rayos dejen de esconderte”.
Se nubló el cielo y unas gotas de lluvia cayeron sobre su rostro apagado. Como una rosa que se abre, se encendieron sus ojos cerrados. Como una hoguera en una cueva, sus pasos se levantaron y refugio encontraron. La mariposa ligera voló hasta su mano. Al notar el contacto suave de sus alas, el hombre que había estado tumbado en el prado, se acostó de nuevo en el suelo y se durmió.
Soñó con fresas silvestres que recogía en un cesto. Al abrir los ojos y ver el cesto vacío pensó que todas se las había comido. La mariposa dorada fuera de la cueva volaba. Y el cielo encendido veía el caminar de vuelta a casa del hombre dormido. Solo faltaban unos pasos para llegar y el prado verde muy lejos quedaba, como una mancha borrosa de tinta china que el agua de la lluvia olvida. Ya en casa besó a su mujer, acarició a su gato y se quitó los zapatos llenos de barro. “Mariposa alada vuela de vuelta a los sueños que se cierran como ventanas. Mariposa dorada posa tus alas en mis ojos e ilumina con tu luz mi morada; como si la noche nunca llegara”.
“Mariposa dorada posa tus alas en mi mirada y arroja los colores de los pétalos de las flores sobre mi cabeza tumbada. Los colores del viento son cálidos en mis párpados cerrados, pero el sol no me deja verte, que sus rayos dejen de esconderte”.
Se nubló el cielo y unas gotas de lluvia cayeron sobre su rostro apagado. Como una rosa que se abre, se encendieron sus ojos cerrados. Como una hoguera en una cueva, sus pasos se levantaron y refugio encontraron. La mariposa ligera voló hasta su mano. Al notar el contacto suave de sus alas, el hombre que había estado tumbado en el prado, se acostó de nuevo en el suelo y se durmió.
Soñó con fresas silvestres que recogía en un cesto. Al abrir los ojos y ver el cesto vacío pensó que todas se las había comido. La mariposa dorada fuera de la cueva volaba. Y el cielo encendido veía el caminar de vuelta a casa del hombre dormido. Solo faltaban unos pasos para llegar y el prado verde muy lejos quedaba, como una mancha borrosa de tinta china que el agua de la lluvia olvida. Ya en casa besó a su mujer, acarició a su gato y se quitó los zapatos llenos de barro. “Mariposa alada vuela de vuelta a los sueños que se cierran como ventanas. Mariposa dorada posa tus alas en mis ojos e ilumina con tu luz mi morada; como si la noche nunca llegara”.
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