Mostrando entradas con la etiqueta Mi caja de herramientas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi caja de herramientas. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de marzo de 2022

TEORÍA DEL COLOR

El amarillo vive en mí como un trozo de algodón enfurecido como si quisiera explotar y rebotar contra cualquier árbol verde.

El rojo me acaricia las sienes de amapola como si quisiera olvidarme a que he venido, como si todavía estuviera llegando.


El verde anida en mi pelo como un pájaro de viento y briznas de paja, quiere contarme la historia más larga de la humanidad en un futuro inalcanzable.


El azul deposita sus párpados en mis manos y llueve afuera en una tenue luz de fogonazos de guerra y paz.


Blanco, tan blanco… que pudiera desaparecerme como las entrañas de un león famélico, es el chillido de un halcón.


El negro quiere borrarlo todo, pero desaconsejan huir de él pues siempre te encuentra en los agujeros huecos del sol.


El naranja se ha abalanzado sobre mí como una fruta madura que cae del árbol y siempre me recuerda esos vestidos de los veranos tras los veranos.


Gris es la gaviota que vuela sobre el Liffey y el río y los edificios y la noche y la gente que camina en por su calles grises.


Morado es el pintalabios que perdí, el mechero y los pantalones de campana y las lilas y todo lo que es morado.


Marrón, cartón de mi corazón de Alejandra, marrón raíces aéreas, trepador marrón hacia la cumbre de la montaña.


Rosa es la lágrima del muñeco que no llora y rosa es el cielo al atardecer en Madrid mientras se encienden las bombillas rosas.

domingo, 6 de junio de 2021

Me gusta el verano y los vestidos coloridos de tirantes, los pantalones y las faldas cortas. Lo bien que se va con menos ropa. Pero no me gusta esa otra parte del verano de que revoloteen abejas y avispas cerca de la comida; si lo hacen, me levanto de un salto de la silla y salgo pitando. Algunas veces, ya acostados, a Tomás le entra la risa floja e intenta aguantarla entre dientes; esa risa suya que yo llamo maléfica, me gusta. Sin embargo, no me gustan las canciones ñoñas: me dan vergüenza ajena y me puedo llegar a poner colorada. El personaje que más me gusta de “Momo” es la tortuga Casiopea; me encantaría tenerla como amiga. A lo mejor se escondería en su caparazón cuando viera a mi gata, que también me gusta, en especial cuando se tapa los ojos con una pata doblada mientras duerme. Me pasa lo contrario cuando escucho hablar alto a las vecinas en el rellano; me pongo de mal humor porque tengo la sensación de que se han colado en mi salón sin permiso. Y a lo mejor, yo estaba viendo esa peli que tanto me gusta de Jim Jarmusch, por tercera vez, y me han sacado de mi burbuja feliz. Aunque, a veces, yo también puedo pillar a la gente desprevenida y hacerle un regalo sorpresa elaborado en casa: un vídeo montado en Premier, un disco con canciones que me gustan… Pero a la gente le gustan las sorpresas agradables, ¿o no? A mí sí me gustan. Pero si me regalasen algo para decorar la casa o de ropa con la combinación negro-blanco, pondría cara de póker, porque no me gusta, me recuerda a un tablero de ajedrez. Que está bien el ajedrez, no es eso, si a mí me gusta jugarlo a veces, es perfecto para pasar el rato en un chiringuito de la playa tomando un café. Ummm, me encanta el café con leche. Aunque llama a uno de mis vicios, el tabaco, por el que no me decanto: a veces fumo por placer, pero la mayor parte del tiempo, fumo por inercia. No me gusta cuando la inercia me lleva a hacer cosas que no quiero hacer, como levantarme tarde por pereza o como cuando se queda de fondo un documental de animales y sé que pronto alguno va a ser cazado. No me gusta ver sufrir a los animales ni en los documentales de la 2. Sí que me gusta escuchar música, como por ejemplo las canciones de Cat Stevens o las de Simon & Garfunkel. Y para trabajar me gusta ponerme música relajante sin voz. Para leer, prefiero el silencio; me concentro mejor. Me gusta leer poesía intensa y me identifico más con la escrita por mujeres como Anne Carson, A. Pizarnik o Rupi Kaur. El puré de verduras hecho con acelgas -aggg-, no me gusta, sabe amargo y su color es de un verde caca, que tampoco me gusta. A lo mejor, mientras me lo como a disgusto por gastarlo, tengo encendida la cajatonta y están echando una comedia sin pies ni cabeza que no me hace reír para nada. Es difícil encontrar una buena película cómica, como El Guateque, mi preferida. No como las comedias absurdas hollywoodienses, Dos tontos muy tontos o American Pie, que detesto. Aunque quizás no esté todo perdido si me bajo a dar una vuelta por Madrid y me compro un helado de trufa y tuttifrutti en Palazzo y luego me voy al cine a ver la última película de Xavier Dolan.

viernes, 16 de julio de 2010

MI CAJA DE HERRAMIENTAS

Baúl: si todo se vuelve fiesta y los disfraces no se encuentran, revolveré el fondo de un baúl que estaba cerrado, o eso parecía.
Pigmento Azul: que al aplicarlo sobre el papel en blanco revele libres a los personajes, desprendidos ya de las huellas que quedan en el camino.


Hojas de olivo: para masticar el aire frío que de un portazo cierra las páginas del libro, dejándolo boca abajo.


Sal y pimienta: para que las vidas que se cruzan y sólo llegan a rozarse sigan después haciéndome cosquillas en la planta de los pies. Entonces, me dará la risa y sabré que todo había sido un sueño en una tarde de calor.


Tiritas: porque las noches en blanco parecen más oscuras que el día más radiante que igual me quema los párpados.


Bicicleta: por si acaso uno quiere escaparse, ha de saber que guardo alguna verde en el trastero de mi corazón.


Cigarrillos: para que aparezca la cortina de humo que nos recuerde que no hay que tomar tan en serio esa vida que clama por ser vivida como la de un personaje ficticio.


Ventana: cuando llueve, hay que cerrar las ventanas para escuchar el repiqueteo de la lluvia sobre los cristales de mis gafas de escritor.


Membrillo: habrá días que se le parecen -carnosos, cálidos y esponjiformes pero compactos-. En esos otros en los que la luna es de cristal, quizás sea bueno recordarlos.


Pluma: para hacer el indio, para aparecer en un momento en mi cuarto infantil o poder hablar con el Muecín que llama a la oración sobre el Cañón del Colorado.