Carta a mi niña interior
Quiero creer que nos parecemos a ellos más de lo que pensamos.
Tú me has visto crecer y romperme, florecer y dar frutos, cargar con demasiado peso y finalmente, entender el porqué cuando la nieve que se me agolpaba, se ha derretido. Quiero ser árbol para ti, mi niña, que te arropa entre sus ramas y entre sus hojas te da cobijo, o te deja a la intemperie para que sientas el frío viento en tu rostro y que así vuele tu pelo, aprendiendo a resistir y a buscar tus propios métodos de abrigo. Te daré sombra en verano y te acunaré con el tintineo de mis hojas cuando sople la brisa. Seré refugio en la tormenta y si quieres harás de mí tu hogar. Yo seguiré enraizada a la tierra para que pises con firmeza o suavemente. Ya nadie me moverá de tu lado, porque fuiste tú, mi niña, quien me enseñó a ser así, como un árbol.
