viernes, 13 de octubre de 2023

NO ESTAMOS OBLIGADOS A NADA

Ultimamente mis manos andan más paradas de lo habitual

un viento huracanado vuela mi mente como un pajarillo enjaulado.

A veces una loba llama a mi puerta y sin asomar la patita por debajo, la reconozco,

es ella tal cual. Pero cuando voy a abrir la puerta un viento

que huele a lavanda se cuela desde no sé qué lugar y los pájaros del barrio

salen volando de mi cabeza dejándome a solas sin ella. Y es que sin ella yo tampoco soy

yo misma.


Las puertas empiezan a temblar, los cubiertos empiezan a sonar y alguien

espera algo de mí que no le puedo dar

porque sin el cuento de los cinco lobitos… quiero decir, sin la loba -que no tiene escoba-

que va a derribar la puerta de tanto llamar, yo

no encuentro el momento ni las palabras

ni mi lugar: un sitio concreto con un cielo abierto y una expansión de ondas sonoras

que vienen desde mi raíz, donde acoplar mi caballete, ya sin mis manos paradas

que empiezan a querer dar color al espacio en blanco.


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